Isabel buscó a dos personas más, pero resultaron ser conocidos de Nerea. No tuvo más remedio que acudir a Cristian.
Cristian lo pensó y le consiguió una cita con Miranda. Aunque Miranda era la mentora de Nerea, Cristian había trabajado con ella antes y la relación profesional había sido buena.
Miranda aceptó la invitación.
Isabel le entregó el archivo del proyecto, pero Miranda no lo tomó. Miró a Cristian y dijo:
—Si me hubieras dicho por teléfono que la cita era para ella, no habría venido. No colaboro con la amante que destruyó el matrimonio de mi alumna.
El rostro de Isabel cambió de color, pero forzó una sonrisa.
—Doctora Miranda, no es lo que parece. Cris y yo somos pareja desde hace mucho. Si hablamos de terceras en discordia, esa sería su alumna.
—Qué descaro.
Cristian le sirvió más té a Miranda y le hizo un gesto amable.
—Doctora Miranda, hoy no hablemos de temas personales, hablemos del proyecto. Hemos colaborado antes y conocemos nuestras capacidades. Trabajar con nosotros solo le traerá beneficios.
Miranda arqueó una ceja.
—Entonces no hay nada de qué hablar. Además, acepté trabajar contigo la vez pasada solo por Nere. Con el tamaño que tenía Grupo Vega en ese entonces, ni siquiera entraba en mi radar. Fue Nere quien vino a rogarme con la propuesta de colaboración, estando embarazada.
Si no hubiera sido por la colaboración con Miranda en el proyecto de medicina con IA, Grupo Vega no habría despegado tan rápido.
—Cristian, eres capaz, no lo niego, pero como persona dejas mucho que desear. No te mereces a Nere.
Luego, Miranda miró a Isabel.
—Y tú estás a años luz de Nere. El señor Vega tiene un gusto pésimo.
Miranda salió del privado.
Isabel estaba que explotaba. Nerea era su maldición. ¡Algún día dejaría a Nerea sin nada! Pero ahora no era momento de hacer berrinche.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio