La lluvia de primavera era ligeramente fría.
Cuando sopló el viento, Nerea sintió un escalofrío y su cuerpo tembló levemente. Liam lo notó.
Miró a Marcos y dijo:
—Señor Escobar, nosotros nos retiramos.
El chofer abrió respetuosamente la puerta trasera.
Nerea miró el auto y se detuvo un momento.
—Este no es mi coche.
—Es el mío —la voz de Liam era cálida, incluso se podría decir que tierna—. Bebiste y no puedes manejar, yo te llevaré a casa.
Nerea miró a Liam, asintió con duda y, un poco dócil, subió al auto.
Después de que Liam subió, Nerea vio que tenía medio cuerpo empapado. Sacó unos pañuelos y se los pasó.
—Lo siento, Liam, te mojaste.
Al escuchar a Nerea decir su nombre, Liam no pudo evitar que las comisuras de sus labios se curvaran hacia arriba.
Cuando te gusta alguien, el simple hecho de escucharla decir tu nombre te hace feliz.
Tomó los pañuelos y se secó.
—Fue voluntario.
—¿Qué?
—El paraguas era muy pequeño.
El chofer miró por el retrovisor a su jefe y pensó: «¿Cómo puede ser tan mandilón mi jefe?».
Ese paraguas lo había guardado el chofer y no era nada pequeño; el jefe simplemente tenía miedo de que la señorita Galarza se mojara, por eso inclinó todo el paraguas hacia ella.
Pero era un chofer profesional y no diría ni una palabra.
El auto se alejó de *Lemongrass*, dejando atrás a los Escobar, padre e hijo.
Pedro se quejó sin entender:
—Papá, ¿por qué le diste tanta importancia? No es más que una amante de Liam.
Marcos le dio una palmada en la espalda.
—Tú no sabes nada. Liam parece un caballero, pero en realidad es muy astuto y difícil de tratar. A la gente que él protege, no la toques a la ligera. Hacemos negocios y la paz es lo más valioso; no te busques enemigos innecesarios.
Pedro no le dio importancia.
—Papá, ¿te estás haciendo viejo? ¿Un tal Liam te acobardó?
Marcos lo señaló con el dedo, con una expresión de no saber qué hacer con él.
—Te seré sincero. Esa mujer tiene al ejército respaldándola. ¿Sabes quién saltó esa noche para salvarla? El capitán del escuadrón Lobo Solitario de las fuerzas especiales.
—Me enteré justo antes de venir a la cena. La razón por la que hubo tanto alboroto esta vez y la familia perdió tanto dinero es porque el ejército exigió una investigación rigurosa. Oficialmente es por la muerte del familiar de un mártir, pero ¿quién sabe si Nerea no tiene algo que ver detrás de todo esto?
—Además, ¿sabes el valor de los tres artículos de investigación de Nerea? El personal científico siempre ha sido la columna vertebral del país y está protegido por el Estado. Es intocable.
Pedro arqueó una ceja, medio escéptico.
—¿Es tan importante?
—Sé lo que estás pensando, hijo —Marcos le palmeó el hombro—. Si yo pudiera evitarlo, jamás dejaría que sufrieras la más mínima injusticia, pero a Nerea... no la toques.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio