Nerea se rio ante sus palabras.
—Pero yo tengo el acta de matrimonio. ¿Tú la tienes? ¿Amor verdadero? No me hagas reír. Díselo a la gente en la calle a ver si están de acuerdo con tu punto de vista.
Isabel respondió con sarcasmo:
—Atesora tus últimas horas con el acta de matrimonio.
Nerea la provocó a propósito:
—No cantes victoria antes de tiempo. ¿Quién sabe si mañana podremos recoger el certificado de divorcio?
Isabel, como era de esperarse, se puso ansiosa.
—¿Qué quieres decir?
—Digo —Nerea miró sonriente a Isabel— que recuerdes recordarle a Cristian que llegue puntual al registro civil. Que no salga con excusas de reuniones o viajes de negocios, o pensaré que no quiere divorciarse de mí.
—Piensas demasiado —la voz de Cristian sonó detrás de Nerea.
Los ojos de Isabel brillaron de alegría; ella ya había visto a Cristian.
—Eso es perfecto entonces. —Nerea no les hizo más caso y se dirigió a la recepción para verificar su reservación.
Nerea fue al reservado con antelación para esperar a sus invitados.
Liam fue el segundo en llegar. En el vestíbulo se encontró con Cristian y Fabián.
Cristian arqueó una ceja al verlo.
—¿No dijiste que no vendrías?
—Sí, ¿acaso nos querías dar una sorpresa? —Fabián se rio y le pasó el brazo por el cuello.
Fabián había dicho que hacía mucho que no se reunían y organizó la comida de hoy, pero Liam la había rechazado.
No esperaba que Fabián y los demás hubieran quedado en el mismo lugar.
Liam apartó el brazo de Fabián.
—Tengo una cena, ya se los había dicho.
Cristian, sin saber por qué, pensó en Nerea, a quien acababa de ver, y preguntó tanteando:
—¿Nerea?
Liam asintió.
Fabián explotó.
—¡¿Qué?! ¡¿Vas a cenar con Nerea y no con nosotros?!
Unos minutos después, en la zona de té del restaurante.
Liam les lanzó un cigarro a Cristian y a Fabián.
—Tengo algo que decirles.
Fabián mordía el cigarro con furia.
—Primero aclárame lo de la cena. Si no me lo explicas bien, no me culpes si dejo de considerarte mi carnal.
Cristian no era como Fabián; era demasiado inteligente. Atando cabos con la conversación de hace un momento y el comportamiento inusual de Liam hacia Nerea en el pasado, dedujo:
—Quieres decir que te gusta Nerea.
—¿Qué? —Fabián giró la cabeza hacia Cristian. El cigarro se le cayó de la boca del susto, sin entender por qué Cristian soltaba algo así de repente.
Pero lo que más lo impactó fue la respuesta de Liam.
Liam exhaló el humo y dijo con voz grave:
—Lo siento.
Los tres fumaron en silencio hasta que se terminaron dos cigarros. Cristian se levantó para irse.
Después de dar unos pasos, se detuvo y giró la cabeza.
—A Nicolás también le gusta Nerea. Un capitán de las fuerzas especiales.
—¿A Nicolás también le gusta?
—¿Qué? —Cristian notó algo más en su tono—. ¿Hay alguien más?
Liam guardó silencio por dos segundos y dijo:
—Leonardo.
Cristian soltó una carcajada; no se sabía si era de rabia o qué, pero sus palabras se volvieron mordaces.
—Vaya que tiene talento. Aún no se ha divorciado y ya tiene a otros hombres suspirando por ella.
Liam frunció el ceño.
—¡Cris, no hables así de ella!
El enojo de Cristian aumentó, y sus palabras llevaban veneno.
—¿Ya la estás defendiendo? Todavía no nos hemos divorciado.
Liam exhaló pesadamente.
—Lo siento. Que ella me guste es asunto mío, ella no tiene ni idea. Nunca ha dicho nada ambiguo ni ha hecho nada que se preste a malentendidos. Así que no hables así de ella. Si estás enojado, ve al gimnasio de boxeo en la noche; dejaré que me golpees todo lo que quieras.
—Bien. —Cristian se alejó a zancadas.
—Aunque te guste, no debiste ocultárselo a Cris, es su mujer. —Fabián le dio una palmada en el hombro a Liam y se fue tras Cristian.

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