—Cuando alguien quiere echarte la culpa, se inventa lo que sea.
Para culpar a alguien de algo que no hizo, solo se necesita un corazón podrido y una boca floja.
—Que tú seas tonta no significa que los demás también lo sean. ¿Crees que alguien como Liam se dejaría usar por mí? Lo subestimas demasiado —Nerea soltó una risa incrédula ante tanta malicia—.
Y otra cosa, ¿con qué ojos viste que yo lo estaba provocando? ¿Difamar no tiene consecuencias? Si es así, ¿entonces yo también puedo decir que tú, mientras andas con Cristian, tienes algo turbio con Pedro? Si no, ¿por qué él se tomó la molestia de vengarse por ti?
Isabel se defendió:
—Eso es porque yo le salvé la vida en el extranjero. Solo somos amigos, y Cris lo sabe, así que deja de decir estupideces.
—Pues yo también ayudé a Liam y salvé a su hermana. Solo somos socios comerciales por puro dinero, y todos lo han visto, así que tú también deja de decir estupideces.
—Nerea —dijo Cristian con voz helada—, no me importan tus intenciones, pero te advierto: mejor no te hagas ideas con Liam. Mantente lejos de él.
—Par de locos, qué afán de molestar —Nerea los ignoró y se dio la media vuelta para irse.
Después de salir del restaurante, Nerea se encontró con Fabián en el estacionamiento; sus coches estaban estacionados uno junto al otro.
Nerea se quedó sin palabras. Antes de aceptar la cena hasta había visto su horóscopo: “buen día para reuniones”. Pura mentira. ¿Por qué se seguía topando con esta gente? ¿Acaso ellos también revisaban el mismo horóscopo?
Al ver a Nerea, Fabián puso una jeta de pocos amigos y soltó un insulto cargado de sarcasmo:
—Descarada, todavía no te divorcias y ya andas de ofrecida buscando al siguiente.
Y lo peor era que buscaba a otro de sus mejores amigos. Eso lo indignaba.
Fabián no bajó la voz, así que Nerea lo escuchó. Se detuvo justo cuando iba a subir al auto, sintiendo que la sangre le hervía. Uno tras otro, ¿todos creían que podían pisotearla?
Nerea miró a Fabián.
—Fabián, si tienes problemas mentales, ve al psiquiátrico. El que fue infiel es Cristian, ¿y vienes a insultarme a mí? Se ve que eres un loco de remate con razón te llevas tan bien con la amante de ese patán. Vayan a terapia, los dos.
—Nerea, ¿a quién estás insultando?
—¡Al que le quede el saco!
Fabián resoplaba de la rabia.
—Nerea, no creas que pegándote a Liam vas a destruir nuestra amistad para vengarte de Cris. ¡Te lo aviso, ni lo sueñes! ¡Es imposible!
Nerea lo provocó a propósito:
—Pues me le voy a pegar, nada más para que se mueran del coraje.
Dicho esto, Nerea subió al auto, azotó la puerta y pisó el acelerador. El coche salió rozando la ropa de Fabián.
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