Isabel miró a Nerea totalmente escandalizada.
—Nerea, ¡¿estás loca?!
Nerea se volvió hacia Isabel.
—¿Tanto te duele? Entonces cámbiate tú por Ulises. ¿No dices a cada rato que quieres a Ulises, que te preocupas por él? Esta es tu oportunidad para demostrar que no mientes. Ve tú.
—Nerea, tú... tú... —Isabel no esperaba esa salida y se quedó balbuceando, sin saber qué contestar.
—¿No quieres? ¿No amas a Cristian? ¿No eres capaz de sacrificarte por él?
Isabel apretó los dientes.
—No es eso.
—Entonces vas.
—¡Basta! —gritó Cristian—. Nerea, ¿por qué obligas a Isa? Ulises es mi hijo, yo me cambio por él.
Nerea miró a Noé.
—Cristian quiere cambiarse por mi hijo. Suelta a Ulises, por favor.
—Qué despiadada eres —se burló Noé—. ¿Por qué no vienes tú?
Nerea, con los ojos rojos, explicó:
—Soy doctora. Aquí solo yo puedo detenerle la hemorragia. Si yo soy la rehén, nadie curará a mi hijo y morirá de todos modos. Además...
Señaló a Cristian con desprecio.
—Él no me ama. Se muere de ganas de que tú me mates para poder casarse con su amante. Mira, es esa de ahí.
Nerea apuntó a Isabel.
—Es la mantenida que carga para todos lados. Si yo soy la rehén, él no soltará ni un peso por mí. Capaz que hasta abre una botella de champaña para celebrar que le quitaste de encima a la esposa que le iba a quitar la mitad de su fortuna en el divorcio.
La cara de Cristian se oscureció como el carbón.
—Nerea, ¡qué estupideces estás diciendo!
—¿Ah, no? ¿Quieres que ahorita mismo les ponga a todos el video porno que grabaron en el hotel para animar el ambiente?
—Nerea, ¿perdiste la razón? ¡Eres insoportable!
—Cristian, eres un patán. Vienes a salvar a mi hijo y traes a tu amante para humillarme. Eres una basura.
—Nerea, nunca le pego a una mujer, no me obligues.
—¡Ándale, atrévete!
—¡Plaaaa! —Nerea le soltó una cachetada a Cristian con todas sus fuerzas.
La pelea entre Nerea y Cristian era puro teatro para distraer a Noé mientras el francotirador buscaba un ángulo. Aunque fuera actuación, las palabras de Nerea eran sinceras y la bofetada llevó todo su coraje acumulado.
—¡Nerea!
Cristian levantó la mano, pero un policía cercano intervino. La escena se volvió un caos.
Noé miraba a un lado y a otro, confundido y furioso.
—¡Todos ustedes van a...!
—¡Bang!


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