Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 309

—¡Cris! ¡Cris!

Isabel tuvo que gritar desde atrás de la multitud, agitando la mano sin parar. Pero había demasiado ruido y su voz se ahogaba en el mar de gente.

Un reportero preguntó rápidamente:

—Señor Vega, ¿podría describir la situación de peligro en el avión?

Otro cuestionó:

—Señor Vega, ¿qué sintió cuando el avión falló? ¿Tuvo miedo?

—¡Hagan espacio, hay heridos!

***

—¡Cristian! —gritó Isabel con todas sus fuerzas.

Cristian pareció escuchar la voz de Isabel y levantó la vista confundido, mirando a su alrededor. Isabel se llenó de alegría y estaba a punto de gritar de nuevo cuando alguien retrocedió y la empujó con fuerza.

—¡Ah! —Isabel gritó y cayó sentada al suelo.

Estuvo a punto de soltar una grosería. Estaba harta de esos reporteros.

Entre la multitud, Cristian retiró la mirada y siguió protegiendo a Nerea para salir.

Nerea dijo con resignación:

—Por favor, den permiso, me duele el ojo. Necesito ir a revisarme.

—Señor Vega, ¿por qué sujeta a esta dama de la ropa?

—¿Están ciegos o sordos? ¿No ven que está herida? ¿No la escucharon decir que le duele el ojo? ¡Quítense! Si pierde la vista por su culpa, ¿ustedes se van a hacer responsables?

Cristian estalló y los reporteros finalmente abrieron paso.

Isabel, sentada de manera lamentable en el suelo frío y sucio, vio cómo Cristian se llevaba a Nerea protegiéndola. Sintió una punzada en el corazón, una mezcla de dolor y amargura, y las lágrimas rodaron por sus mejillas. Se sentía víctima de una injusticia enorme.

¿Por qué? ¡Ese era su hombre!

—¡Cristian! —gritó Isabel de nuevo.

Como muchos reporteros habían corrido a entrevistar a otros heridos, ya no había tanto ruido. Cristian escuchó la voz de Isabel. Se dio la vuelta y la miró sorprendido.

—¿Isa?

—Cris, me torcí el pie —dijo Isabel desde el suelo, mirándolo hacia arriba. Tenía lágrimas colgando de las pestañas, luciendo como una pobre niña indefensa que necesitaba ser consolada.

Cristian instintivamente caminó hacia ella, pero tras dos pasos, recordó a Nerea. Nerea, con el rostro tranquilo, no dijo nada; simplemente se dio la vuelta y siguió caminando.

—Nerea —la llamó Cristian frunciendo el ceño—, espera un poco, te acompaño al hospital.

Nerea respondió con tono indiferente y sin voltear:

Ya había experimentado lo terca que podía ser Nerea.

—Cris, ¿y yo qué? Yo también estoy lastimada del pie —preguntó Isabel en voz baja, con un tono suave y dulce capaz de derretir cualquier corazón.

Isabel sabía exactamente cómo verse más hermosa y conmovedora. Lloraba en silencio, mirando a Cristian con ternura y amor, esperando su respuesta. En el pasado, Cristian no lo habría dudado. Su respuesta habría sido única: Isabel.

Pero en ese momento, Cristian se dio cuenta de que estaba dudando. Miró la figura solitaria al frente y recordó cómo Nerea lo había mirado hacía un momento. La herida en su frente no era pequeña y ya tenía costra. Todos en el avión habían recibido primeros auxilios, pero se habían olvidado de su frente. Estaba pálida, con el ojo izquierdo cerrado y el derecho mirándolo con claridad. Parecía que nunca había escuchado a Nerea quejarse de dolor. Y eso que estaba herida.

¿No le dolía? Imposible. Simplemente no lo decía; se aguantaba el dolor para ayudar a los demás. Y ahora estaba sola, sin nadie a su lado.

No debería ser así. Cristian sintió remordimiento.

—Isa, le diré a Yago que te lleve al hospital.

Como gente que viaja constantemente, tenían espacios reservados y choferes en el aeropuerto; Yago podía sacar el coche e irse de inmediato.

—Cris...

Cristian soltó su mano y corrió hacia Nerea a grandes pasos.

—¡Cris, Cris! —los gritos de Isabel estaban llenos de pánico y desesperación.

Pero Cristian no se quedó por ella. Isabel vio impotente cómo la ambulancia se llevaba a Nerea y a Cristian. En ese instante, sintió que Cristian la había abandonado.

Nerea estaba herida, ¿pero acaso ella estaba bien? ¡Esos reporteros ciegos también la habían golpeado en el brazo y la frente, y tenía el pie lastimado! ¿De quién era él prometido, después de todo?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio