Nerea había ido al club a negociar un contrato, pero apenas llegó, se topó con un Diego furioso. Al verla, Diego ordenó que la atraparan sin mediar palabra. Esta vez traía más hombres, profesionales, y Nerea no pudo defenderse. La guardaespaldas que Leonardo le había asignado aún no empezaba a trabajar.
En ese momento, solo sintió confusión y le reclamó:
—Diego, ¿te volviste loco? ¡Suéltame!
—¡Sí, estoy loco! Si algo le pasa a Isa, no te la vas a acabar. Haré que desees estar muerta.
—¿Isabel?
—No me digas que no sabes que Cristian se llevó a Isa. ¿Viniste al club para burlarte de ella, verdad?
—Creo que de verdad tienes un problema mental. Vine a una reunión de negocios. ¡Suéltame o te denuncio por secuestro y lesiones!
—¿Crees que te voy a creer? Tú y Cristian siguen enredados, los he visto. Cristian, por tu culpa, engañó y abandonó a Isa, e incluso le tendió una trampa. Si él tiene a Isa, ¡yo te tengo a ti! A ver si así la suelta.
Y dicho esto, Diego le vació el agua con la droga en la boca a la fuerza. Al final, ella pagó los platos rotos por el desastre de Cristian.
—Diego... yo me encargaré —dijo Cristian antes de salir del club.
***
Por otro lado, Diego se llevó a Isabel del club. En el auto, la pasión se desató y luego él la llevó a casa.
Al día siguiente, Lucía llegó con bolsas de comida a casa de Isabel y se encontró con Diego. Lucía, con tono maternal y sufrido, le dijo:
—Mi hija tiene mala suerte, su padre y yo la hemos perjudicado. Señor Zamora, por favor, no desprecie a Isabel por nuestra culpa.
» Isabel siempre ha sido una chica decente. Muchos la envidian y quieren difamarla. Su padre y yo no tenemos poder, somos gente humilde, y solo podemos ver cómo la calumnian sin poder hacer nada. Cuando conozca mejor a Isa, sabrá qué clase de persona es. No es para nada lo que dicen en internet.
Lucía rompió a llorar desconsoladamente. Como Diego acababa de acostarse con Isabel y Lucía los había "descubierto", se sintió comprometido:
—Señora, no se preocupe. Jamás le fallaré a Isa. Pronto la llevaré a casa para que conozca a mis padres.
Al escuchar esto, un brillo astuto cruzó los ojos de Lucía, quien asintió mientras se secaba las lágrimas.
—Entonces se la encargo mucho, señor Zamora.
***
Nerea demandó a Diego. Pero la gente de la alta sociedad gasta fortunas en abogados de élite precisamente para estos momentos. Conocen las leyes al revés y al derecho y son astutos como serpientes; encontrarían la forma de librarlo. Aunque lo demandara, Diego no pisaría la cárcel, todo terminaría en una disculpa y una indemnización.
En un restaurante de lujo, Diego e Isabel ofrecían una cena a varios gerentes de banco. El Grupo Zamora de Diego iba a ser aval del Grupo Vectorial de Isabel, y por eso los bancos habían accedido a no exigir el pago anticipado de la deuda.
A mitad de la cena, la puerta del privado se abrió de golpe.
Cristian, Liam y otros estaban afuera. Fabián, con su típica sonrisa burlona, levantó una ceja.
—Uy, perdón, me equivoqué de puerta.

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