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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 359

Nerea había ido al club a negociar un contrato, pero apenas llegó, se topó con un Diego furioso. Al verla, Diego ordenó que la atraparan sin mediar palabra. Esta vez traía más hombres, profesionales, y Nerea no pudo defenderse. La guardaespaldas que Leonardo le había asignado aún no empezaba a trabajar.

En ese momento, solo sintió confusión y le reclamó:

—Diego, ¿te volviste loco? ¡Suéltame!

—¡Sí, estoy loco! Si algo le pasa a Isa, no te la vas a acabar. Haré que desees estar muerta.

—¿Isabel?

—No me digas que no sabes que Cristian se llevó a Isa. ¿Viniste al club para burlarte de ella, verdad?

—Creo que de verdad tienes un problema mental. Vine a una reunión de negocios. ¡Suéltame o te denuncio por secuestro y lesiones!

—¿Crees que te voy a creer? Tú y Cristian siguen enredados, los he visto. Cristian, por tu culpa, engañó y abandonó a Isa, e incluso le tendió una trampa. Si él tiene a Isa, ¡yo te tengo a ti! A ver si así la suelta.

Y dicho esto, Diego le vació el agua con la droga en la boca a la fuerza. Al final, ella pagó los platos rotos por el desastre de Cristian.

—Diego... yo me encargaré —dijo Cristian antes de salir del club.

***

Por otro lado, Diego se llevó a Isabel del club. En el auto, la pasión se desató y luego él la llevó a casa.

Al día siguiente, Lucía llegó con bolsas de comida a casa de Isabel y se encontró con Diego. Lucía, con tono maternal y sufrido, le dijo:

—Mi hija tiene mala suerte, su padre y yo la hemos perjudicado. Señor Zamora, por favor, no desprecie a Isabel por nuestra culpa.

» Isabel siempre ha sido una chica decente. Muchos la envidian y quieren difamarla. Su padre y yo no tenemos poder, somos gente humilde, y solo podemos ver cómo la calumnian sin poder hacer nada. Cuando conozca mejor a Isa, sabrá qué clase de persona es. No es para nada lo que dicen en internet.

Lucía rompió a llorar desconsoladamente. Como Diego acababa de acostarse con Isabel y Lucía los había "descubierto", se sintió comprometido:

—Señora, no se preocupe. Jamás le fallaré a Isa. Pronto la llevaré a casa para que conozca a mis padres.

Al escuchar esto, un brillo astuto cruzó los ojos de Lucía, quien asintió mientras se secaba las lágrimas.

—Entonces se la encargo mucho, señor Zamora.

***

Nerea demandó a Diego. Pero la gente de la alta sociedad gasta fortunas en abogados de élite precisamente para estos momentos. Conocen las leyes al revés y al derecho y son astutos como serpientes; encontrarían la forma de librarlo. Aunque lo demandara, Diego no pisaría la cárcel, todo terminaría en una disculpa y una indemnización.

En un restaurante de lujo, Diego e Isabel ofrecían una cena a varios gerentes de banco. El Grupo Zamora de Diego iba a ser aval del Grupo Vectorial de Isabel, y por eso los bancos habían accedido a no exigir el pago anticipado de la deuda.

A mitad de la cena, la puerta del privado se abrió de golpe.

Cristian, Liam y otros estaban afuera. Fabián, con su típica sonrisa burlona, levantó una ceja.

—Uy, perdón, me equivoqué de puerta.

En un abrir y cerrar de ojos, el bullicioso salón quedó casi vacío, solo con un par de incondicionales de Diego.

Diego estrelló su copa contra el suelo.

—Cristian, esta me la pagas.

Tomó a Isabel de la mano para irse, y al pasar junto a Fabián, este soltó un insulto mordaz:

—Zorra desvergonzada.

Isabel se puso pálida.

—Fabián, el amor es libre, terminar una relación es normal. No tenemos rencillas y no te he hecho nada, ¿por qué me insultas? Quiero una disculpa.

—Tú sabes bien lo que hiciste. Antes estaba bien pendejo y me dejé engañar por ti; te trataba como si fueras de la familia. ¿Y tú? Las porquerías que has hecho no cabrían en un libro. Y sigues fingiendo. Ni un bote de basura puede contener tanta inmundicia. ¡Qué asco!

Isabel comenzó a llorar de rabia. Diego la protegió poniéndose delante.

—¡Pídele perdón a Isa!

—¡Ella no se lo merece! —Fabián escupió al suelo sin ningún recato y señaló a Isabel—. Que no te vuelva a ver, porque cada vez que te vea te voy a insultar. Maldita sea, es la primera vez en mi vida que alguien me da tanto asco. Eres repugnante.

***

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