Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 388

—Más me vale cuidarla bien. Con lo difícil que fue encontrarla, tengo que consentirla al máximo. No vaya a ser que una mujer tan guapa se me escape con otro.

—Nerea, si Leonardo te llega a molestar, avísanos y nosotros nos encargamos de él.

La última vez que Nerea visitó la base, Leonardo le había encargado a Héctor que la cuidara, y así todo el regimiento se enteró de que ella era su pareja. Después de eso, no dejaban de observarlos.

Ahora que Leonardo estaba en el proyecto, nadie se guardaba los comentarios. Frente a los jefes, Nerea no podía decir mucho, así que solo sonreía, proyectando una imagen amable y prudente.

Cristian, parado detrás de la multitud, miraba la sonrisa de Nerea y sentía un sabor amargo en la boca. Una molestia inexplicable crecía en su pecho.

Leonardo quería presumirla, sí, pero al ver que las bromas podían incomodar a Nerea, intervino medio en broma: —Señores, ya son las siete y media. Si ustedes no tienen hambre, nuestros científicos sí.

—¡Uy! ¿Miedo de que se te muera de hambre la novia?

Leonardo soltó una risa ligera. —Miedo de que se me mueran de hambre ustedes, jefes. ¿A poco no se nota?

Todos se dirigieron al comedor.

Durante la cena, los mandos siguieron atentos con Nerea.

—Leonardo, sírvele algo más a tu chica. Esos camarones se ven buenos, pélale unos cuantos.

—Comandante Miro, no se preocupe. Nere es alérgica a los camarones. —Mientras hablaba, Leonardo le separó un trozo de pescado—. A Nere le gusta el pescado.

—Con razón te la has pasado quitándole las espinas al pescado.

Nerea, apenada, le jaló la manga a Leonardo por debajo de la mesa.

Leonardo se inclinó un poco hacia ella y preguntó: —¿Ya no quieres?

Nerea asintió. Ya se había comido medio pescado, no podía acabarse uno entero ella sola, aunque estaba delicioso.

Al ver la intimidad entre ellos, la mirada de Cristian se oscureció. En años de matrimonio, nunca supo que a Nerea le gustaba el pescado.

Sintiendo la mirada de Cristian, Nerea volteó y le lanzó una mirada fría e indiferente.

El corazón de Cristian se hundió, sintiendo una opresión dolorosa. Leonardo captó toda la escena y entrecerró los ojos levemente, con una expresión ilegible.

Después de cenar, Leonardo acompañó a Nerea a su dormitorio.

Ya sin gente alrededor, Leonardo se disculpó de inmediato: —Perdón, no pensé que Héctor fuera tan chismoso y le contara a todo el mundo. Te causé problemas.

En realidad, Leonardo le había ordenado a Héctor que corriera el chisme. Pero ahora le tocaba a Héctor cargar con la culpa por el bien del romance de su capitán.

Nerea no estaba molesta, solo preocupada por él. —Si algún día terminamos, ¿esto no te afectará?

—No —dijo Leonardo. *No voy a dejar que terminemos*.

—Qué bueno. —Nerea se sintió aliviada.

Al llegar al dormitorio, los ojos de Nerea se iluminaron.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio