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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 438

Leonardo le dio unas palmaditas en el hombro al soldado y le entregó un pañuelo.

—Límpiate.

—Gracias, comandante.

Ese soldado había estado bajo el mando de Leonardo antes; cuando Leonardo se retiró, Nicolás asumió el mando y se convirtió en su nuevo capitán. Leonardo veía a todos sus antiguos subordinados como si fueran chavales a su cargo.

Aunque Nicolás era su rival y su competencia amorosa, había salvado a «Bolas» (como llamaban al soldado), así que Leonardo sentía que le debía una. Por eso había recomendado a Nerea con tanta insistencia ante la organización.

Se llevaron a Nicolás para hacerle un chequeo completo y Nerea revisó los informes. Las heridas externas habían sanado y sus funciones corporales estaban bien, pero la actividad cerebral era demasiado baja.

Nerea usó agujas de plata para estimularlo; la actividad cerebral subió unos puntos, pero seguía siendo baja. Su plan de tratamiento fue el siguiente:

1. Cuando el enfermero le diera masajes, debía hablarle mucho. Preferiblemente alguien con voz expresiva y divertida. Los temas debían ser de su interés, o cosas que odiara o amara intensamente.

2. Estimulación cerebral con acupuntura.

3. Uso de la cápsula de vida holográfica.

Tras escuchar el plan, Leonardo pasó los dedos por su rosario, pensativo. De repente, soltó una risa suave.

—De hecho, podrían hablarle mucho de mí. Díganle que recibí otra medalla, que me dieron otro reconocimiento. Y que me voy a casar, que mi prometida se llama Nerea y que somos muy felices. Invéntense lo que sea, armen una telenovela, déjenlo picado con la historia todos los días.

Nerea lo miró confundida, sin saber qué decir.

Leonardo sonrió y explicó:

—Él y yo somos rivales a muerte. Desde la primaria compite conmigo en todo. Además, le gustas. Quizá al escuchar eso, del puro coraje, salte de la cama. Al fin y al cabo, ¿qué hay más indignante que saber que tu enemigo está triunfando, subiendo de puesto, quedándose con la chica y viviendo feliz para siempre?

Los líderes militares pensaron que tenía sentido, pero miraron a Nerea buscando confirmación.

—Es viable —asintió ella.

Los líderes dieron la orden de inmediato:

—Contacten al equipo de redacción. Que empiecen a escribir ahora mismo una novela romántica sobre el capitán Rojas y la doctora Galarza. La trama tiene que ser dramática, adictiva.

Leonardo sonrió satisfecho y se quedó sentado ahí, como un adorno, sin decir más.

Entonces, los líderes plantearon la duda que tenían sobre las cápsulas de vida.

Nerea explicó con un poco de pena:

—Ayer terminé la teoría, apenas voy a empezar la práctica.

Los líderes se quedaron mudos, intercambiando miradas de incredulidad. ¿Era en serio?

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