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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 437

Al enterarse de la verdad y darse cuenta de que le habían visto la cara, Isabel puso una expresión espantosa. Estuvo a punto de hacer pedazos el contrato que tenía en las manos.

—¡Nerea! —gritó, incapaz de contener su furia—. ¡Tú y Cristian se pusieron de acuerdo!

Nerea hizo una mueca de desagrado.

—No me metas en el mismo saco que a ese patán.

Isabel estaba tan enojada que le temblaban los labios; se le habían puesto morados del coraje.

—Todavía me debes treinta y tres mil millones —dijo Nerea, a propósito, para picarle el orgullo—. Así que no hace falta que te dé esos nueve mil millones, los descontamos directamente. ¿Cuándo piensas pagarme el resto? Si no terminas de pagar, no me quedará más remedio que mandarte a que te pudras en la cárcel.

Como Isabel usaba un corazón artificial, no podía soportar emociones tan fuertes. Puso los ojos en blanco y se desmayó ahí mismo.

—Qué delicada —comentó Nerea chasqueando la lengua.

***

El Grupo Vectorial se fusionó con el Grupo NUBE, convirtiéndose en la división de Puerto San Martín. Tras la inyección de capital, la empresa comenzó a reorganizar su estructura interna y a contratar nuevo personal.

Aquellos proyectos que estaban a punto de quedar abandonados cobraron vida al instante. Varios de ellos entraron en la fase final y se esperaba que fueran rentables en menos de un mes.

Además, el Grupo Vectorial ya estaba investigando úteros artificiales y había sacado la versión 2.0. Resultó que Navarro Pharma, la empresa fundada por Nerea y Rodrigo, también estaba trabajando en ese campo. La fusión permitió que ambas compañías intercambiaran experiencias y se complementaran.

Se estimaba que para finales de año estaría lista la versión 3.0 del útero artificial, lo cual sería una bendición para muchas mujeres que no podían concebir o que no deseaban pasar por el dolor del parto.

Al mismo tiempo, llegaron las cápsulas de vida holográficas que Liam había mandado hacer para Nerea. Las entregaron en la residencia de la familia Galarza.

Nerea ya se había mudado de regreso a la casa familiar. Su estancia en aquel barrio popular había sido una prueba para fortalecer la voluntad de Ulises. Ahora que el niño había cambiado y no era el mismo malcriado de antes, poniendo siempre a su mamá en primer lugar, Nerea decidió que era hora de volver a casa.

Un camión de carga trajo seis cápsulas de juego. Se instalaron en las habitaciones; solo hacía falta conectarlas a la corriente para usarlas. Incluso si se iba la luz, no había problema: mientras hubiera luz ambiental, podían recargarse y tenían una batería de ultra larga duración de hasta un mes.

Las cápsulas almacenaban nutrientes avanzados y medicamentos de emergencia, regulaban automáticamente la temperatura y la humedad, y monitoreaban los signos vitales del usuario. En caso de terremoto o derrumbe, servían como refugio temporal, ya que su estructura exterior era extremadamente resistente, capaz de soportar un sismo de gran magnitud. Por eso se les llamaba «cápsulas de vida».

Nerea tenía una idea audaz: quería usar esta tecnología en pacientes en estado vegetativo. A menudo, el cuerpo de estas personas está inmóvil, pero su conciencia sigue viva. Si lograban conectar su conciencia al juego, podrían «revivir» en el mundo virtual, reencontrarse con amigos y familiares, y estimular su deseo de vivir y su actividad cerebral, lo cual ayudaría enormemente a su recuperación.

Nerea compró tres cápsulas más y se las envió a sus mentores: Clodomiro, Miranda y la doctora Fabiola. Los tres quedaron impactados tras probarlas y aseguraron que la experiencia era increíblemente inmersiva.

Nerea los visitó para compartirles su teoría sobre los pacientes vegetativos. A los tres les pareció una idea fascinante que valía la pena explorar. Le dieron varias sugerencias, que Nerea anotó en su libreta para organizar más tarde.

Antes de irse, los tres coincidieron en una cosa: debía escribir un artículo académico al respecto.

Esa noche, Nerea se quedó trabajando hasta las tres de la mañana.

—¿A quién? —Nerea levantó la vista, sorprendida.

Nicolás había recibido un impacto de metralla en la cabeza por salvar a un compañero durante una misión y había quedado inconsciente al instante. Sus compañeros lo habían cargado de regreso, arriesgando sus vidas; uno murió y otro fue capturado para protegerlo.

La cirugía de Nicolás había sido un éxito, pero no despertaba. El diagnóstico médico era desalentador: había una gran probabilidad de que quedara en estado vegetativo.

Los mandos militares, negándose a aceptar ese destino, movieron cielo y tierra hasta que Leonardo les habló de Nerea. Decidieron jugársela y pedirle que lo intentara.

Por supuesto, investigaron sus antecedentes. Sabían que era experta en acupuntura, heredera de la Técnica del Fénix, que practicaba desde los cinco años sin un solo fracaso, y que era una egresada brillante de la Universidad Politécnica del Valle.

Su conocimiento teórico y práctico era sólido, y los líderes estaban satisfechos. Lo único que les preocupaba era que nunca había tratado a un paciente vegetativo. No había casos previos de referencia, salvo cuando salvó a Cristian del coma. Pero el caso de Cristian era distinto: él estaba en un sueño profundo con alta actividad cerebral, diferente a la situación de Nicolás.

Pero ya no importaba; los mejores especialistas del país habían fallado, así que no perdían nada con intentar.

—Doctora Galarza —dijo el soldado al que Nicolás había salvado, quebrándose—. Por favor, salve al capitán. Se lo pido de corazón.

Nerea miraba al horizonte con determinación.

—Nicolás también es mi amigo. Haré todo lo que esté en mis manos.

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