—Volvamos a Puerto San Martín.
Nerea ya había despertado; quedarse en Valparaíso no servía de nada.
No había lugar para él al lado de Nerea.
En vez de perder el tiempo, mejor regresar a Puerto San Martín y hacer algo útil.
En la mente de Cristian resonaba la respuesta de Nerea a la policía:
«Esmeralda, Isabel, Pedro...».
Pensando en ello, Cristian ordenó: —Quiero saber qué ha hecho Esmeralda últimamente, a quién ha visto. Que me manden un reporte detallado.
—Entendido. —Yago ya estaba contactando a la gente que vigilaba a Esmeralda.
Pronto llegó un archivo con el itinerario de Esmeralda.
Dado su historial, Cristian había puesto gente a seguirla sin que ella lo supiera para evitar que causara problemas.
Cristian revisó el archivo.
La rutina de Esmeralda consistía en estar en casa o jugar a las cartas y tomar el té con otras señoras ricas.
Ocasionalmente se quedaba en casa de Noa.
El modelo que mantenía la había dejado porque se le acabó el dinero.
No había nada sospechoso en sus movimientos. —Que la sigan vigilando.
—Sí, señor.
—Mándame la agenda de Isabel.
Desde que Isabel volvió a Puerto San Martín, Cristian también la vigilaba por temor a que atacara a Nerea.
La rutina de Isabel era muy simple.
Casi no salía de la mansión de los Escobar.
Iba de casa al hospital y viceversa, con alguna que otra fiesta ocasional.
Nada fuera de lo normal.
En cuanto a Pedro, su agenda era casi idéntica a la de Isabel.
Aunque no hubiera pruebas, Cristian no dejaba de sospechar de Isabel y Pedro.
Estaba convencido de que fueron ellos.
Cristian llamó a Liam. —¿Dónde estás? ¿Sigues fuera?
Cuando Liam supo del accidente de Nerea, estaba de viaje de negocios en el extranjero.
Quiso volar de inmediato, pero el mal tiempo canceló los vuelos y cerraron el aeropuerto.
Llevaba una semana varado, desesperado y con los nervios de punta, llamando a Martina a diario para saber de Nerea.
Justo estaba por abordar el vuelo de regreso.
—Atacaron a Nere. Sospecho de Isabel y Pedro.
Al escuchar eso, Liam meditó un momento. Él también pensaba que era lo más probable.
—¿Qué planeas hacer?
—Voy llegando a Puerto San Martín. Organizaré una cena con la Cámara de Comercio. Hace mucho que no nos reunimos.
El Grupo Vega y el Grupo Santillán dominaban casi todo el panorama comercial de Puerto San Martín.
Si ellos invitaban a cenar, los miembros de la Cámara irían aunque tuvieran la agenda llena.
En una gran mesa redonda para veinte personas se sentaban las figuras más influyentes de los negocios locales.
Samuel también asistió en representación de la familia Aranda.
Uno detenido por drogas, otro denunciado por evasión fiscal masiva y del tercero se filtró un video insultando al país.
Cada escándalo era una sentencia de muerte.
La empresa de los Escobar quedó en el ojo del huracán y sus acciones se fueron a pique varios días seguidos.
En el hospital.
Nerea, sentada en la cama, revisó las noticias y los movimientos de la bolsa, luego llamó a Samuel.
—¿Viste lo de la empresa de entretenimiento de los Escobar?
—Lo vi. Acertaste, Cristian actuó. Aunque yo también invertí bastante en bots y prensa para avivar el fuego.
—Vigila la tendencia de la bolsa hoy y prepara los fondos. Cristian y Liam van a dar el golpe final.
Nerea llevaba días analizando el mercado; calculó que ya era hora.
Cuando ellos atacaran, ella y Samuel entrarían detrás para ganar dinero seguro y sin riesgo.
Al fin y al cabo, los peces gordos iban abriendo camino.
Nerea no se equivocó. Cristian y Liam atacaron.
En cuanto lo hicieron, Nerea le dio la señal a Samuel.
La empresa más rentable de los Escobar fue destruida por el ataque conjunto de los tres.
La velocidad de la caída fue impresionante.
Marcos Escobar no tuvo tiempo de reaccionar; una empresa que generaba millones fue acorralada hasta la quiebra.
Marcos tragaba pastillas para el corazón a puñados, furioso.
Insultó a Pedro hasta cansarse. Cuando Isabel intentó defenderlo, Marcos estalló: —¡Tú cállate también! ¡Aquí no tienes voz ni voto, ave de mal agüero!

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