Desde que Kevin asumió el control total del Grupo Rojas, andaba ocupado como loco, girando de un lado a otro como pirinola y viajando constantemente.
Al regresar de su último viaje, se enteró de la muerte de Francisca y de que Jaime había perdido la vista.
Al ver a Nerea, visiblemente más delgada, sintió una punzada de dolor en el pecho. Eva, la asistente de Nerea, le comentó que ella había estado trabajando sin descanso, quedándose en la oficina hasta las tres o cuatro de la madrugada todos los días.
Por eso, Kevin insistió en invitarla a cenar, para que se relajara un poco.
Sin embargo, al ver al intruso que se plantó frente a su mesa, la expresión de Kevin cambió en un abrir y cerrar de ojos.
La sonrisa se borró de su rostro, reemplazada por una mirada sombría y una irritación asesina.
El recién llegado hizo una leve inclinación.
—Disculpe la molestia, señorita Galarza.
Kevin levantó la vista con desdén.
—Si sabes que molestas, ¿para qué vienes?
El hombre puso cara de sinceridad.
—Señorita Galarza, vengo en representación de mi patrón. Él la respeta mucho y quisiera pedirle que vaya a examinarle las piernas.
Nerea no respondió de inmediato. Dejó los cubiertos sobre la mesa con suavidad y se limpió la comisura de los labios con movimientos lentos y elegantes.
Solo después de terminar, alzó la vista hacia el hombre.
—¿Quién es tu patrón?
—Pedro.
Nerea tomó su copa de vino y la agitó suavemente.
—Si tanto me respeta, ¿por qué no vino él mismo?
—Lo siento, señorita Galarza, pero nuestro patrón tiene las piernas rotas y no puede moverse con facilidad.
—Regresa y dile que, si va a pedir favores, debe tener la actitud adecuada para pedirlos.
Cuando el hombre se marchó, Kevin frunció el ceño.
—¿Qué estás pensando?
Nerea comió un bocado pequeño.
—Solo quiero decirle en su cara que puedo curarlo, pero que no lo haré.
Kevin soltó el aire, aliviado.
Al terminar la cena, Nerea miró fijamente los ojos de Kevin.
—¿Dónde mandaste hacer ese ojo artificial?
Si no supiera que Kevin usaba una prótesis, jamás lo habría notado. El ojo artificial era extremadamente realista y funcional: tenía localizador, grabadora de voz, cámara y video.
Kevin, al notar que Nerea no dejaba de mirarlo, se inclinó hacia ella y susurró con un tono coqueto y ambiguo:
—¿Te gustan mis ojos?
Nerea lo empujó suavemente.

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