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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 463

Cristian retiró la mano con fuerza, manteniendo una expresión gélida.

—Te lo dije la última vez: si te quedabas tranquila, yo te mantendría hasta el final de tus días. No te faltaría comida ni ropa. Pero no quisiste. Ya que rechazaste mi oferta de cuidarte en la vejez, entonces ve a disfrutar tu retiro en la cárcel.

Esmeralda exclamó angustiada:

—¡Cris, lo hice por tu hermana! Tu hermana solo tiene treinta y ocho años, es muy joven todavía, no puede ir a prisión. Sacrificar a Rocío para salvar a tu hermana era lo lógico, ¿en qué me equivoqué?

Cristian la miró con profunda tristeza.

—¿Alguna vez pensaste en que Rocío también es tu hija? Creció perdida, lejos de nosotros, en una familia adoptiva con carencias terribles. Ni siquiera terminó la secundaria porque tuvo que salir a trabajar. Vivió bajo puentes, durmió en estaciones de autobús y en baños públicos. ¿Sabías todo eso?

Esmeralda desvió la mirada, culpable.

—Yo... yo solo la casé con la familia Robles, no la empujé a un pozo de fuego. Con tu respaldo, ¿acaso Bautista se atrevería a tratarla mal? Así también protegía a tu hermana. ¿Es que no te duele lo que le pase a tu hermana mayor?

»Cris, sé que me equivoqué, de verdad lo sé. Esta es la última vez, ¿sí? Te prometo que no saldré de la Mansión Vega, me quedaré encerrada. Cris, créele a tu mamá, te lo suplico.

Dicho esto, Esmeralda se hincó frente a Cristian.

Lo miró con esperanza.

—Cris, ¿por favor? Mamá te lo ruega.

Cristian cerró los ojos un momento. Al abrirlos, solo quedaba indiferencia en su mirada.

—Esmeralda, le hice una promesa a Nere y no voy a romperla. Ya le fallé demasiado, no puedo fallarle más. Pórtate bien ahí dentro.

Cristian hablaba en serio. Estaba decidido a enviarla a prisión.

No importaba lo que Esmeralda dijera o hiciera, aunque se rompiera la frente golpeando el suelo o suplicara humildemente, la postura de Cristian no cambiaba.

Esmeralda estalló en furia, cambiando su actitud en un instante.

—¡Cristian, soy tu madre!

»¡Eres un malnacido, un malagradecido! ¡Sin mí no serías nadie hoy!

»¡Muerdes la mano que te dio de comer, ojalá te pudras! ¡Mereces quedarte solo toda la vida, que tu hijo no te reconozca y que tu mujer no te ame!

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