Después de que Alexander terminó su análisis, Felipe tomó la palabra.
En la familia Encinas había dos hermanos destacados: el mayor, Alexander, dedicado a la política, y el segundo, Felipe, enfocado en los negocios.
Felipe, naturalmente, conocía el patrimonio de Nerea.
OmniGen, Navarro Pharma y, por si fuera poco, Beyond Tech. No era poca cosa.
Aunque no había encontrado información pública que la vinculara directamente con Beyond Tech, en este mundo no hay secretos que duren para siempre. En los círculos de la alta sociedad, todos sabían que esa empresa tecnológica pertenecía a Nerea.
El desarrollo de esas tres compañías era vertiginoso. Nerea ya se había posicionado entre las veinte mujeres con mayor potencial en el mundo empresarial de Latinoamérica.
Su futuro en los negocios era incalculable.
Y no solo ella; la empresa de videojuegos de Jaime también estaba cosechando un éxito rotundo. Además, Jaime acababa de emparentar con la familia Santillán de Puerto San Martín. Una alianza estratégica que prometía un futuro aún más brillante.
Por otro lado, Nerea había estado casada con Cristian Vega y tenían un hijo en común. Cristian estaba a punto de convertirse en el hombre más rico de Latinoamérica, y Nerea era la madre de su heredero.
Esa red de contactos era simplemente impresionante. Nerea se había convertido en una figura sumamente codiciada.
El único obstáculo era Doña Jimena, la matriarca de los Encinas, que se negaba a dar su brazo a torcer por puro orgullo.
Alexander y Felipe, en cambio, deseaban con ansias que Álvaro y sus hijos fueran reconocidos oficialmente por la familia.
Al ver que su madre aún dudaba, Alexander insistió:
—Mamá, deja de darle vueltas. Álvaro ha criado a dos hijos excepcionales. ¿Acaso eso no es también una forma de éxito?
—Mira a la generación joven de los Encinas —continuó—, ¿quién puede compararse con Nerea o Jaime? Nosotros ya estamos viejos. Si la familia quiere mantener su prestigio, tal vez dependamos de la rama de Álvaro. No termines de alejarlo, por favor.
***
Residencia de la familia Rojas.
Doña Jimena, la abuela Encinas, llegó con regalos para visitar a Doña Salomé.
La empleada doméstica sirvió té y bocadillos.
Doña Salomé la invitó a sentarse con un ademán.
—Jimena, toma el té.


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