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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 803

En el momento en que todos salieron, antes de que Leonardo pudiera siquiera decir algo, Nerea se puso de puntillas, pasó los brazos por su cuello y lo besó sin previo aviso.

Los ojos de Leonardo se abrieron de par en par, y su corazón golpeaba su pecho como un tambor furioso.

Sentía sus labios suaves contra los suyos, y su ligero y dulce aroma le nublaba los sentidos.

A Leonardo le zumbó la cabeza, su cuerpo se encendió como si hubiera entrado en combustión.

Con un brazo tan firme como el hierro, rodeó posesivamente la delicada cintura de Nerea, y con la otra mano sujetó su nuca.

Inclinó la cabeza, pasando de ser pasivo a tomar el control absoluto, y la besó con una intensidad devoradora.

El beso de Leonardo era feroz y exigente. Un dominio ineludible que parecía querer fundirse en ella, consumiéndola por completo.

Con destreza, abrió paso a través de los labios de Nerea.

Nerea se dejó llevar por la entrega de Leonardo, entreabrió los labios y le permitió que explorara a su antojo, entrelazándose en un juego profundo y ardiente.

Leonardo era demasiado fiero, casi le arrebataba el aliento.

Nerea se sentía mareada, su cuerpo era como gelatina caliente, y no podía hacer más que aferrarse desesperadamente a él.

La habitación estaba sumida en un profundo silencio; solo se escuchaban respiraciones pesadas y el húmedo sonido de un beso lleno de deseo.

Ambos estaban al borde de que las chispas iniciaran un incendio imparable.

Pero allí no podían.

Leonardo se obligó a retroceder, terminando el beso.

Los labios de Nerea estaban enrojecidos e hinchados. Con los ojos empañados por el deseo, lo miró confundida.

Parecía una mezcla de incomprensión y tristeza, como si preguntara: ¿por qué paraste?

Esa mirada hizo que el interior de Leonardo diera un vuelco. Tragó saliva y sus ojos se oscurecieron de necesidad.

Al final no pudo contenerse; se acercó y, ¡muac!, le dio un beso sonoro y rotundo.

Luego la abrazó apretándola contra su cuerpo con tanta fuerza que parecía querer fusionarla en su propia piel para no soltarla jamás.

Con la respiración agitada y la voz ronca, exclamó: —Mi amor, te extrañé muchísimo.

Al escuchar ese "mi amor", el corazón de Nerea tembló y el rubor de sus mejillas, que aún no se había desvanecido, se volvió más intenso.

—Yo también te extrañé, muchísimo. —Nerea correspondió el abrazo abrazándolo con fuerza.

Leonardo recargó su rostro sobre su cabello, respirando su aroma. —Amor, tengo que decirte algo.

Capítulo 803 1

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