Kevin se quedó sin palabras. «...»
—Cuñada, te pasaste un poco —murmuró Kevin, mirándola de reojo—. A mí tampoco me gustan las piedras.
—¡Ay, no te fijes en los detalles, solo era una metáfora!
Tras decir eso, Nerea volvió a centrar su atención en Cristina. —¿Es que miras demasiadas telenovelas o tienes delirios de grandeza? ¿Un reemplazo? Te pregunto, ¿qué hay en ti que valga la pena reemplazar? ¿Esa cara llena de bisturí y bótox? ¿O tal vez esa personalidad traicionera y egoísta? ¿O a lo mejor esa voz chillona e insoportable que tienes?
—Si alguien aquí no puede superar a nadie, debes ser tú con nuestro Kevin. A juzgar por la cara de esta tal señorita Villarreal, ya me puedo imaginar lo «agraciado» que es su hermano, y te aseguro que no le llega ni a los talones a la percha de Kevin. ¿No será que te acuestas con tu esposo todas las noches pero cierras los ojos imaginando a Kevin?
El rostro de Cristina perdió todo color. —¡Estás inventando estupideces!
Nerea curvó los labios en una sonrisa lenta y letal. —¿Qué pasa? ¿Di en el clavo y ahora estás a la defensiva por la vergüenza?
Cristina le lanzó una mirada fulminante a Nerea y luego se volvió hacia Kevin, furiosa. —¡Kevin, sé que trajiste a esta mujer a propósito para darme celos! Pero lo nuestro se acabó hace mucho. No me gustas, de hecho, jamás sentiste amor por mí. Todo fue producto de tu imaginación. Del único que he estado enamorada es de mi esposo, Ricardo.
—Espero que dejes de acosarme de una vez por todas. Deja de hacer estas niñerías, no quiero que Ricardo piense mal. ¿Entendiste? ¡No quiero volver a ver tu cara, así que lárgate!
¡PLAASH!
Nerea le cruzó la cara con una bofetada monumental.
El pasado de Kevin era algo que Leonardo le había contado antes.
Kevin había perdido el uso de sus piernas por salvarle la vida a esa misma mujer, y su gran agradecimiento fue darle la espalda y correr a casarse con el mayor enemigo de Kevin, Ricardo Villarreal.
Ver la desfachatez y la arrogancia de esta mujer fue la gota que colmó el vaso para Nerea. Ya no iba a tolerar ni una sola falta de respeto más.
—¿Tienes la cabeza llena de aire o de pura basura? ¿Qué tantas estupideces estás vomitando? Te sugiero que dejes de soñar despierta creyendo que Kevin sigue interesado en ti. Eres una mujer casada que se la pasa fantaseando con que otros hombres babean por ti. ¡Eres una sinvergüenza, hipócrita y no tienes ni una gota de decencia!
Cristina se llevó la mano a la mejilla, con el rostro desencajado por el dolor y la furia. —¡Te atreviste a pegarme!
—Hoy te tocó castigo. ¡Y si te atreves a decir otra palabra, te daré otra! A ver si no te rompo esa nariz falsa que tienes. ¡Luego no vengas llorando!
—Cuñada, no llames a mi hermano —dijo Kevin, tomando una respiración profunda y levantando la vista hacia Cristina—. Yo me encargo de esto.
Después de todo, esta era una herida del pasado de Kevin. Nerea no tenía intención real de llamar a Leonardo, solo lo había dicho para burlarse.
Al final del día, Kevin debía cerrar ese ciclo por sí mismo.
Mientras tanto, Doña Salomé, que había estado esperando en la Suite VIP de la boutique, se cansó de aguardar y le pidió al personal que la sacara en su silla de ruedas.
Lo primero que vio al salir fue el rostro de la mujer sin corazón, Cristina.
La expresión de Doña Salomé se oscureció, cargada de una furia gélida.
—Abuela —dijo Nerea, acercándose rápidamente para tomar los mangos de la silla de ruedas de las manos de la empleada.
Doña Salomé, con voz imponente, preguntó: —¿Qué está pasando aquí?

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