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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 998

Doña Salomé asintió, secándose una lágrima de la comisura del ojo.

Mientras hablaban, Nerea salió con un vestido nuevo.

Si el anterior irradiaba una elegancia sutil y clásica, este pertenecía a un mundo completamente diferente. Era deslumbrante, vibrante, como una flor en su máximo esplendor.

¡Absolutamente espectacular!

—¡Hermoso! —Los ojos de Doña Salomé se iluminaron de asombro—. ¡Vaya que esta vieja tiene buen ojo!

Sofi y los demás también se acercaron.

Los ojos de Sofi brillaban de emoción.

—¡Wow, mamá! Te ves hermosísima, como un hada mágica, estás brillando.

—Qué bueno que mi tío Leonardo no está aquí, porque si te viera tan preciosa, ¡seguro se desmaya!

Las ocurrencias inocentes de los niños hicieron que la anciana soltara una carcajada.

Pero justo en ese momento de alegría, una visita inesperada interrumpió la paz de la suite.

Ricardo Villarreal apareció en la puerta.

Había escuchado el rumor de que Kevin había llevado a una mujer a probarse vestidos, y su curiosidad lo obligó a ir para ver quién era la misteriosa acompañante.

Al abrir la puerta, sus ojos se clavaron instantáneamente en Nerea.

Durante los cambios de ropa, el personal de la boutique había maquillado a Nerea de manera sutil para que hiciera juego con el diseño y arreglaron su cabello en un recogido rápido pero elegante.

Todo con el fin de exhibir el verdadero potencial del vestido.

Ricardo se quedó embobado, mirándola sin pestañear.

—Hermosa... verdaderamente hermosa.

Comenzó a aplaudir lentamente mientras entraba a la suite.

—¡Lárgate de aquí! —Kevin no lo pensó dos veces y le lanzó la taza de porcelana que tenía en la mano.

¡Crash! La taza se hizo añicos a los pies de Ricardo, obligándolo a detenerse en seco.

—¿Qué te pasa, Kevin? —Ricardo sonrió de lado, provocador—. ¿Qué? ¿Tienes miedo de que te baje a tu mujer? Tranquilo, no vengo a quitártela. Me enteré de que Doña Salomé estaba aquí y vine a presentar mis respetos.

Dicho esto, se dirigió a Doña Salomé.

Su único propósito era ver a Nerea, y como ya lo había logrado, no tenía sentido quedarse a discutir con los Rojas.

Sin embargo, antes de irse, se desvió hacia donde estaba Nerea.

—Hola, belleza. Soy Ricardo Villarreal. Encantado de conocerte.

—¡Ricardo! —Los ojos de Kevin se oscurecieron de furia; parecía dispuesto a matarlo allí mismo.

—Preciosa, míralo —dijo Ricardo, señalando a Kevin con desdén—. Con esa inestabilidad emocional que se carga, seguro tiene tendencias violentas. Deberías considerar venirte conmigo. Todo lo que él tiene, yo lo tengo, y te aseguro que te daré mucho cariño. Aquí tienes mi tarjeta. Llámame, te estaré esperando.

Mientras hablaba, sacó una elegante tarjeta de presentación e intentó deslizarla atrevidamente en el escote del vestido de Nerea.

¡Plaf!

Nerea no dudó ni un milisegundo y le propinó una bofetada colosal.

El impacto fue tan fuerte que Ricardo cayó sentado al suelo.

Nerea lo miró desde arriba, imponente y gélida.

—Mejor te doy un poco de "cariño" yo primero.

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