—¿Qué? —Leonardo se quedó en estado de shock, pero rápidamente notó algo raro. Bajó la mirada hacia sus pantalones, confundido, y preguntó—: ¿Mis partes... no funcionan con normalidad?
Nerea le dio un vistazo rápido, desvió la mirada y respondió: —Tus órganos funcionan perfectamente, pero eres estéril.
Leonardo preguntó: —¿Me hicieron la vasectomía?
—No. Es una historia larga, ya te la contaré después —decidió Nerea, yendo directo a lo importante—. ¿Recuerdas tu nombre?
Leonardo negó con la cabeza. —Me inventé uno para mí, me puse Enrique Rojas. Supongo que me apellido Rojas, ¿no? En mis sueños me llamabas así.
—Tu verdadero nombre es Leonardo Rojas. Y yo siempre te he llamado Leo.
Leonardo se quedó sin palabras.
Luego de una pausa, se apresuró a preguntar: —¿Y el tuyo, mi amor?
—Me llamo Nerea Galarza. Antes me decías Nere.
Leonardo asintió, aunque internamente estaba confundido. ¿Por qué el viejo Leonardo no llamaba a su esposa "mi amor"? Eso de llamarla "Nere" le parecía demasiado formal, casi frío.
Llamarla "mi amor" era mucho más cariñoso y afectuoso.
Y además dejaba en claro quién era de quién.
Con eso en mente, Leonardo preguntó: —Amor, ¿me puedes contar sobre nuestro pasado?
Nerea empezó a entender por qué Leonardo no paraba de decirle "mi amor".
¿Se creía que estaban casados, que ya eran esposos oficialmente?
Pensando en eso, Nerea le aclaró: —Leo, aún no nos hemos casado, solo somos pareja.
—¡¿CÓMO?!
¿Por qué el idiota de su pasado no se apresuró a meter a una mujer tan perfecta a su casa de inmediato?
Con ese solo pensamiento, Leonardo puso una rodilla en el piso. —Mi amor, aunque haya perdido la memoria, mi corazón me grita que te amo, que estoy locamente enamorado de ti. ¿Te casarías conmigo?
Nerea, por supuesto, quería hacerlo, pero sabía que él no recordaba nada.
Con los ojos llenos de ternura, le regaló una sonrisa afectuosa: —¿Y si mejor esperamos a que recuperes la memoria para tomar esa decisión? O tal vez podríamos pasar algún tiempo juntos, convivir un poco y re-conocernos. Al fin y al cabo, ahora mismo tienes un lienzo en blanco. No sabes sobre mi pasado, ni cómo soy realmente. ¿Y si con el tiempo sientes que nuestras personalidades no encajan? El matrimonio no es un juego.
El resto de los detalles tendría que esperar hasta que tuvieran más tiempo libre para conversar.
A su vez, Leonardo también le dio a grandes rasgos su situación actual.
Desde el momento en que Patricia lo sacó del peligro, hasta su acuerdo con ella de ser su guardaespaldas para ayudarla a apoderarse de la herencia y las propiedades de los Quiles.
—¿La familia Quiles? —preguntó Nerea alzando una ceja.
—Amor, ¿sabes quiénes son? —quiso saber él.
Nerea recordaba a aquella señora que había asistido al funeral de la abuela Encinas, Doña Beatriz Quiles. Ella justamente venía de Rosarito.
¿Sería la misma familia Quiles?
—No estoy segura de si es la misma familia, pero la situación en la que te encuentras debe informarse de inmediato a los superiores. Habrá que esperar a ver qué dicen ellos. En caso de que tú no puedas cumplir la promesa que le hiciste a Patricia, y si la historia de ella resulta ser real, entonces yo podría encargarme de cumplir ese compromiso por ti.
Al fin y al cabo, ella acababa de comprar un corporativo con un tremendo potencial. Resulta que antes, para quitarle a Isabel Echeverría el Grupo Vectorial que Cristian Vega le había regalado, lo había comprado a precio de remate usando como fachada a Grupo NUBE, una compañía de tecnología muy fuerte en Rosarito que estaba bajo su mando absoluto.
Si Patricia quería obtener todos los negocios de su familia, iba a necesitar desesperadamente aliados empresariales y Nerea tenía las cartas perfectas.

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