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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 806

Nerea prendió la televisión de la habitación y le puso a Sofi unas caricaturas.

Luego se sentó a un lado junto a Héctor Omar y le detalló la situación del estado mental y físico de Leonardo.

Al enterarse de la amnesia del capitán, Héctor Omar frunció el ceño con profunda preocupación.

Nerea, con una expresión pesada y llena de inquietudes, dijo: —Cuando te comuniques con los mandos superiores, mencionales mi sugerencia. Propongo que se le haga una revisión exhaustiva e integral, no solo desde la perspectiva médica, sino que también analicen su estado neurológico y de memoria para ver las posibilidades de que recupere sus recuerdos. Y además...

Al llegar a este punto, hizo una pausa. El nudo de sus cejas se tensó como una cuerda y sintió que el mundo se le caía encima.

Aunque no quería desconfiar del hombre que amaba, las circunstancias la obligaban a considerar todo...

—Además... —dijo, apretando los puños, antes de atreverse a pronunciar el temor que albergaba—: Lo secuestraron cuando estaba al borde de la muerte, en el punto donde su mente y su resistencia estaban al límite de su debilidad. Temo que esos laboratorios de Estados Unidos hayan hecho algo con su memoria o con su cerebro.

—¿Insinúas que...? —¿Tenía miedo de que le hubieran lavado el cerebro y lo hubieran convertido en un espía para el extranjero?

Héctor Omar fue incapaz de decir esas palabras en voz alta, no quería aceptar semejante atrocidad.

Pero también era perfectamente consciente de que las sospechas de Nerea tenían una base muy sólida en la realidad.

Incluso si ella no lo mencionara, era muy seguro que el mando militar tuviera exactamente la misma hipótesis.

Definitivamente formarían un grupo especializado de investigación.

La felicidad del anhelado reencuentro se vio empañada gradualmente por la preocupación palpable que embargaba a Nerea.

—Tú notifícales primero. Si dan luz verde, que envíen a los mejores especialistas médicos del ejército acá a Rosarito para realizarle los estudios necesarios. O, si lo prefieren, yo misma lo acompañaré a Puerto Rosales.

Héctor Omar asintió.

—Y sobre Patricia Quiles... Si es posible, ¿pueden investigar sus antecedentes también?

—De acuerdo al protocolo, tanto al capitán como a Patricia se les tiene que investigar. Al fin y al cabo, Patricia ha residido todo este tiempo en Tailandia. Nadie puede descartar que haya sido infiltrada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Las redes de investigación del ejército eran mucho más veloces, detalladas y tenían mayor autoridad y alcance que cualquier indagación privada.

Leonardo: [Amor, ya llegamos a la residencia de los Quiles. Te dejo un rato, empiezo mi trabajo.]

Patricia, viendo cómo Leonardo por fin guardaba el celular después de haber tecleado desenfrenadamente durante todo el camino, no dudó en burlarse: —Vaya, al fin dejas de escribir. Pensé que tus deditos no iban a descansar nunca.

Leonardo retomó su habitual fachada imperturbable y fría: —Tranquila, no voy a descuidar el trabajo.

La puerta del auto se abrió, pero Patricia no se apresuró a salir. En su lugar, le dio un par de palmadas en el hombro a Leonardo y le lanzó una advertencia. —Como mujer, te daré un consejo. Si sigues mandando esa enorme cantidad de mensajes sin parar y persiguiéndola de forma tan intensa, terminarás asfixiándola. No dejar que respire ni darle un momento a solas es... raya un poquito en lo enfermo.

Leonardo alzó ligeramente las cejas. ¿Enfermo?

Quería preguntarle a Nerea si de verdad lo sentía demasiado empalagoso o si le molestaba que fuera así.

Pero como ya habían llegado a la casa de la familia Quiles, tendría que dejar esa pregunta para cuando estuviera desocupado.

Realmente esperaba no tener que quedarse a dormir allí esa noche, se moría por volver y acurrucarse en la cama con su esposa de piel suave y hermoso aroma...

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