Nerea retiró las agujas de plata y los guantes médicos, arrojándolos al contenedor de residuos biológicos. Luego, clavó la mirada en Kevin.
Kevin ya no oponía resistencia. Estaba recostado en la cama del hospital como un muñeco de trapo, con el cuerpo flácido y las lágrimas corriendo en silencio.
Estaba vivo, sin duda, pero Nerea sentía que, por dentro, ya estaba muerto.
No había en él ni un rastro de vitalidad o esperanza.
Pero así no funcionaban las cosas. Para que un paciente sanara, necesitaba aferrarse a la vida y, sobre todo, creer en su médico.
Como un devoto ante su santo.
Nerea reflexionó un momento y, a propósito, se acercó y le dio un golpe en el hombro.
—Kevin, ya bájale a tu drama, pareces magdalena llorando. Ya te dije que puedo curar tus piernas. Además, ¿quién no se ha topado con un par de desgraciados en la vida?
Kevin seguía sin reaccionar, como si fuera sordo.
Nerea lo ignoró y comenzó a masajearle las piernas mientras seguía hablando:
—Mírame bien. Soy guapo, talentoso y tengo salud. Un «cara bonita» como yo no se encuentra en cualquier esquina. Y aun así, me abandonaron, me engañaron y me pusieron los cuernos de la peor manera.
Leonardo parpadeó y la miró sorprendido. No esperaba que, para animar a Kevin, ella no solo se burlara de sí misma llamándose «cara bonita» —aprovechando su disfraz de hombre—, sino que sacara a colación su propio matrimonio.
Nerea chasqueó la lengua y soltó con rabia:
—Ni siquiera nos hemos divorciado y ese par de perros ya andan presumiendo su amor en mi cara. El mes pasado, en una fiesta, me caí por las escaleras porque estaba borracho.
»Pero ese patán de mierda estaba ahí parado, a mi lado, y no movió un dedo. Solo se quedó viendo cómo rodaba escaleras abajo. Seguro deseaba que me matara ahí mismo para largarse feliz con su amante. Por suerte salí barato y solo fue una conmoción cerebral moderada.
Leonardo, consciente de que Nerea estaba caracterizada como hombre, pensó que aprovecharía para hablar mal de alguna «mujer», creando empatía masculina con Kevin.
Jamás imaginó lo que diría después...


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