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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 334

Al oír el ruido, Ximena Zapata dejó su elegante taza de café sobre la mesa y levantó la mirada. Al ver que era ella, no mostró ni la menor sorpresa; simplemente esbozó una ligera sonrisa.

"Ya llegaste. ¿Por qué no te sientas?"

La tranquilidad, confianza, orgullo y, sobre todo, el desdén que emanaba de Ximena,

lastimaron a Renata profundamente. Sabía que esa seguridad solo se la podía dar Enrique.

Y pensar que, hace muy poco, ese mismo hombre la abrazaba con ternura y le aseguraba:

"No volveré a involucrarme con Ximena, cualquier asunto con ella lo resolverá el Secretario Cisneros..."

Renata sintió de golpe una asfixia en el pecho; respirar se le hizo doloroso.

Apretó los dedos y respiró hondo, tragándose el dolor como pudo. Caminó con paso firme y se sentó en la silla libre, manteniéndose en absoluto silencio.

¡Si el amor se había hecho añicos, al menos su carrera no iba a sufrir el mismo destino!

Había ido a hablar de negocios, no a armar un escándalo con ella.

Ximena la miró de reojo, entrecerrando los ojos. Como mujer, sabía perfectamente que, por más tranquila que Renata pareciera por fuera, por dentro estaba destrozada.

Sonrió y, adoptando una postura inocente, dijo con falsa disculpa:

"Renata, de verdad no sabía que también estabas en el proyecto de la Srta. Cisneros. ¡Fue Enrique quien me lo consiguió!"

"Ay, Enrique... sabiendo que tú también estabas involucrada, igual se tomó la molestia de contactarme con la Srta. Cisneros".

Fue como recibir una bofetada.

Renata sintió un zumbido en los oídos y las mejillas le ardieron. Se quedó pasmada por varios segundos.

Una cosa era deducirlo por sí misma, y otra muy distinta que te lo restregaran en la cara.

Alzó la vista hacia Ximena, con el ceño fruncido y los ojos inyectados de una furia contenida.

Si no fuera por el lugar en el que estaban, seguramente le habría cruzado la cara de una cachetada.

Ximena bufó con desprecio, sin sentirse intimidada en lo más mínimo.

¿Qué podría hacerle una cualquiera que no tenía nada?

Ilusa.

Si no fuera por Enrique, Renata no sería digna ni de limpiarle los zapatos.

Ximena torció los labios y bajó la vista hacia su recién hecha manicura. Con tono aburrido, añadió: "Ayer Enrique se pasó todo el día conmigo, ¿no te lo dijo?"

Renata se quedó helada. De pronto, recordaba las palabras que el hombre le había dicho el día anterior.

Le había jurado que un proyecto se había complicado y que no había tenido respiro.

Tanto, que ni siquiera había podido mandarle un mensaje.

¡Todo había sido una vil mentira!

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