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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 369

La lluvia no paraba de caer.

Santa Clara.

En la Suite Médica VIP.

El sonido rítmico de las máquinas llenaba la habitación.

Renata yacía en la cama con el rostro pálido. Tras sufrir una pesadilla, movió los dedos con inquietud y abrió los ojos lentamente...

César Zaldívar estaba sentado junto a ella, sin perderla de vista. Al verla despertar, se levantó de la silla con alegría y se inclinó apoyándose en el borde de la cama.

La miró con un cariño y una preocupación imposibles de ocultar.

—¿Ya despertaste? ¿Te sientes mal de algún lado?

Su voz era sumamente suave y delicada, como si temiera que cualquier brusquedad rompiera aquel momento perfecto.

Las pestañas de Renata temblaron. Giró la cabeza para mirarlo y, de pronto, los ojos se le llenaron de lágrimas.

César se detuvo, creyendo que ella sentía dolor físico. Le acarició la mejilla con ternura y dijo: —¿Te duele algo? Voy a llamar al doctor.

Renata negó con la cabeza, con lágrimas en los ojos. Tragó saliva con esfuerzo y soltó en un hilo de voz: —No es eso...

César, con infinita paciencia, le tomó la mano. —Entonces, ¿qué pasa?

Renata sorbió por la nariz y murmuró: —César... gracias...

Ah, era por eso.

César dejó escapar un suave suspiro y le acarició el dorso de la mano con el pulgar. —No hay de qué, lo importante es que estés bien...

Renata sintió que le ardían los ojos. Al recordar algo, preguntó con angustia: —¿Y mi hermana?

César le dio unas palmaditas en el hombro tenso para tranquilizarla. —Ya hablé con ella. Sabe que estás bien, no te preocupes.

—En cuanto a Enrique...

Sus ojos se ensombrecieron. —Él no la está pasando nada bien. Está convencido de que te perdió para siempre y se la pasa consumido por el arrepentimiento...

No hizo falta que dijera más; Renata ya se lo imaginaba. Su expresión se volvió sombría...

Al notarlo, César pensó que ella estaba preocupada y le apretó la mano. —Renata...

Ella se dio cuenta de su malentendido y se apresuró a aclararlo.

—No estoy preocupada por él; se merece todo lo que le está pasando. ¡Lo único que pienso es que esto no es ni remotamente suficiente!

César se mostró aliviado. —¿Qué tienes en mente, entonces?

Renata lo miró y, con cierta duda, dijo: —Voy a tener que pedirte un gran favor...

César sonrió. —Será un placer.

Los ojos de Renata se movieron ligeramente y bajó la mirada con algo de incomodidad.

Capítulo 369 1

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