C120- COMO LA CRIADA QUE ERES.
Minutos después, Angelo estaba en su oficina, ahora despojada de su esencia. Un asistente de Logan, apenado, observaba cerca de la puerta. Angelo ignoró las cajas preparadas; con manos que apenas temblaban de la impotencia, tomó solo un marco de plata de su escritorio con la foto de Aurora y Angela.
Pero mientras esto ocurría, en su propio despacho, Aurora notó el murmullo inusual que recorría los pasillos cuando llegó. Vio a varios empleados susurrando, mirando hacia la sala de dirección. Su instinto la llevó a avanzar y, al doblar la esquina, se encontró cara a cara con Logan.
Él parecía estar esperándola.
—Aurora. Qué oportuno verte —dijo, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Logan. ¿Qué está pasando? ¿Dónde está Angelo? ¿Por qué todos están… tensos?
—Cambios, Aurora, que a veces son necesarios. Y también… inevitables. —Hizo una pausa, estudiándola. Se acercó un paso, lo justo para que su voz fuera más íntima, pero no lo suficiente para ser inapropiada en público—. Quiero que sepas que, si necesitas algo, mi puerta está abierta. Podría… protegerte del desorden que se avecina.
El ofrecimiento era suave, pero la intención detrás era un roce glacial en su piel.
De repente, la voz de Angelo, cargada de una ira feroz, retumbó en el pasillo.
—¡Thorne! ¡Aléjate de mi mujer!
Tenía la mirada incendiaria y la foto apretada en una mano. Aurora, atrapada entre los dos, no entendía.
—¿Angelo? ¿Qué pasa?
Logan ni siquiera se inmutó ante la agresión verbal, solo alzó ligeramente una ceja, desafiante. Entonces Angelo se dirigió a ella, con el dolor y la rabia rajando su voz.
—Es el nuevo presidente, Logan… me quitó la empresa.
Aurora miró a Angelo, luego a Logan, y el mundo que acababa de recomponerse en el hospital pareció resquebrajarse de nuevo.
El shock la dejó inmóvil.
***
Esa noche, en su departamento, Angelo, con la corbata deshecha, vertió toda su frustración en la cocina. Picaba verduras con una intensidad que transformaba el acto en un exorcismo.
—Cuando investigaba a Marco —dijo, mientras el cuchillo abría un pepino—, descubrí que Jimena estaba comprando acciones en paquetes pequeños, a través de testaferros. No supe conectar los puntos a tiempo. No vi que todo eso iba dirigido a una sola persona. —Enterró el cuchillo en la tabla—. A él.
Aurora observaba desde la puerta, con una compasión feroz.
—Esa… maldita —siseó; el odio hacia Jimena se sintió visceral—. ¿Cómo pudo ser capaz? Dios… se trata de su familia… ¡De su hijo!
Él dejó el cuchillo.
—Pero no me rendiré, amor. No dejaré que Logan me saque de mi propia empresa, de la que mi familia construyó.
—Lo sé —dijo ella, acercándose y acunándole la cara—. Y no estás solo, ¿ok?
Angelo asintió y, durante la cena, fingió normalidad frente a su hija. Pero más tarde, en el estudio, su mente buscaba salidas.
Aurora se detuvo en el umbral del estudio y vio los papeles esparcidos sobre el escritorio.
Informes financieros.
Contratos.
Acuerdos accionariales.
Todo lo que ya no le pertenecía.
—No podía dormir —dijo ella, avanzando.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!