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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 142

C142 –INFIERNO FAMILIAR

TRES DÍAS DESPUÉS…

El sol de la tarde iluminaba el jardín. William corría entre los arbustos, jugando con Angela, mientras Aurora los observaba desde una banca con una sonrisa tierna, aunque sus ojos aún reflejaban la tristeza de los últimos días. Por más que Jimena hubiera traicionado a la familia, no podía evitar sentir una punzada de dolor al pensar en William: un niño de ocho años que acababa de perder a su madre de forma tan violenta, con la inocencia arrebatada de golpe. Le rompía el corazón imaginar cómo procesaría todo esto cuando finalmente comprendiera lo sucedido.

De repente, William se detuvo. Alguien había salido al jardín.

Era Alan.

Apoyado en su bastón, con el rostro aún demacrado pero ya más firme, miraba a William con una expresión indescifrable. El niño se quedó inmóvil por un segundo; sus ojos se abrieron con sorpresa y luego se iluminaron con una alegría pura. La última vez que había visto a Alan, este yacía inmóvil en una cama de hospital, conectado a máquinas. Ahora estaba de pie, frente a él.

No pudo evitarlo.

—¡Papá Alan! ¡Papá! —gritó William con una sonrisa enorme.

Se lanzó a abrazar sus piernas. Alan se quedó rígido, sin devolverle el abrazo. Su mano libre colgaba a un costado, inmóvil. Dentro de él, una tormenta de emociones contradictorias rugía. Ese niño, con sus ojos inocentes y su sonrisa confiada, era el fruto del engaño que había destruido su vida. La sangre de Jimena y Logan corría por sus venas… y ahora lo llamaba papá.

«Maldita seas, Jimena», pensó. «Maldita seas por haberle dicho a este niño que soy su padre, por haber construido otra mentira más.»

Sin poder controlar su amargura y su odio, se apartó.

—No soy tu papá —dijo con frialdad.

William levantó la vista, confundido. La sonrisa se desvaneció de su rostro como si alguien hubiera apagado una luz.

—¿Cómo… cómo que no?

—Soy un extraño, nada más —respondió Alan, apartándolo con cuidado pero sin cariño.

William dio un paso atrás, con los ojos llenos de lágrimas que no terminaban de caer. Su pequeño mundo, ya frágil, parecía desmoronarse aún más. Entonces Aurora se levantó de golpe y cruzó el jardín rápidamente.

—¡Alan! ¿Qué estás haciendo? —exclamó indignada.

—Diciendo la verdad —respondió él sin mirarla.

—¡Es un niño! ¡No tiene la culpa de nada!

Alan finalmente la miró. Sus ojos estaban llenos de una amargura profunda que parecía haberlo consumido desde dentro.

—Es hijo de ella, Aurora. De Jimena y de Logan. Es bueno que lo sepa.

William tembló visiblemente ante esas palabras.

Sabía que Logan era su padre biológico —lo había escuchado esa noche—, pero en su mente infantil había construido otra realidad: una donde Alan, el hombre que Jimena siempre había mencionado con cariño, era su verdadero papá. Ahora sentía que no pertenecía a ningún lugar. Si era hijo del hombre malo, del que todos odiaban, ¿lo odiarían a él también? ¿Lo echarían de esta casa? ¿Ya no tenía un hogar?

Aurora respiró hondo y supo que había llegado el momento.

—Alan… siéntate. Tengo que decirte algo.

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