C46- DEMASIADO SIMILAR AL SUYO
—¿Aurora? —preguntó Angelo, notando su cambio—. ¿Qué pasa?
Ella levantó la mirada, con los ojos muy abiertos y una expresión de pánico absoluto.
—Disculpa, es... mi terapeuta. —la mentira salió torpe y apresurada de sus labios.
Aurora se levantó con cuidado y se dirigió a la popa del bote, alejándose lo más posible para tener privacidad y Angelo asintió, pero algo no le cuadraba. En todos los años que la conocía, nunca la había visto tan alterada por una llamada y... ¿desde cuándo necesitaba terapeuta?
Intrigado, y con el instinto de un lobo que huele el miedo, se inclinó ligeramente hacia atrás, aguzando el oído. El viento le trajo fragmentos de la conversación y no era la voz profesional de Aurora, era una voz que él nunca le había oído: dulce, maternal, llena de un amor ansioso y suave.
—¿Sí, mi vida? ¿Todo bien? ¿Y el estómago? ¿Te duele todavía? —la escuchó decir con una ternura que le erizó la piel.
Angelo se quedó inmóvil, procesando lo que oía. Y en el instante supo que eso no sonaba como una conversación con un terapeuta.
—Te quiero mucho, cariño —dijo Aurora con una voz tan tierna que le dio un vuelco al corazón, pero no de emoción, sino de sospecha helada.
Aurora estaba concentrada en la llamada, con la espalda completamente vuelta hacia él, que no se percató de que él podía escucharla.
—No te preocupes, mi amor. Sí, la lluvia de Londres es rara, lo sé. Es tu primera vez aquí, ya te acostumbrarás... —hizo una pausa, escuchando—. ¿Hiciste el dibujo del puente? ¡Qué bien! Yo también te extraño, Angie.
Cada palabra era un dato que la mente de Angelo procesaba a toda velocidad: La urgencia, el tono de amor inquieto y el nombre cariñoso "Angie".
¿No era demasiado parecido a Angelo?
Un zumbido comenzó en sus oídos mientras las piezas encajaban.
¿Angie? ¿Una niña? ¿Su primera vez en Londres?
La idea lo golpeó como un puñetazo en el estómago.
Y si... ¿Y si Aurora tenía una hija? ¿Una hija de la que nunca le había hablado? El pensamiento era tan absurdo como aterrador. Conocía a Aurora desde hacía años, habían compartido todo... ¿o no?
La llamada terminó y ella colgó, cerró los ojos un segundo y se llevó una mano al pecho, como si necesitara contener algo dentro de ella. Luego, respiró hondo y su rostro cambió, volviendo a ser la mujer serena y profesional que él conocía.
Cuando regresó a sentarse frente a él, sus ojos estaban ligeramente húmedos, de una emoción que Angelo ahora cuestionaba por completo.
—¿Todo bien? —preguntó él, analizándola.
—Sí, solo... temas personales —respondió ella, evitando su mirada.
Pero Angelo ya no veía a la mujer de la que estaba enamorado. Veía a una posible mentirosa, a una extraña que escondía algo, pero sonrió.
¿Quién era en realidad esa "Angie"? ¿Y por qué el nombre le sonaba a un eco perturbador de su propio nombre?


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