C53- NUNCA DUDÉ DE TI.
Volvió a entrar al auto, cerrando la puerta con llave por instinto y con el corazón ahora latiéndole rápido, abrió el sobre y dentro había una nota hecha con letras recortadas de revistas.
"¿Ellos elegirían ese camino?"
—¿Qué?
Miró dentro y vio que había otra fotografía, era antigua, borrosa por el tiempo, pero mostraba a sus padres sonrientes en una cena formal, y a su lado un hombre de traje, con aire de CEO confiado y al fondo, apenas visible en una pancarta, estaba el logotipo de la compañía familiar de Angelo, ese emblema que ella conocía demasiado bien de su matrimonio.
El corazón de Aurora se congeló, mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.
¿Qué significaba esto? ¿Quién era esta persona con sus padres?
Las preguntas la golpearon como puñetazos, reviviendo el vacío de su muerte, el accidente de auto que siempre había dejado cabos sueltos.
En ese momento, su teléfono vibró, rompiendo el silencio. Soltó un suspiro largo, intentando calmarse antes de contestar.
—¿Logan?
—Hola, Aurora. ¿Cómo estás? Suenas un poco agitada.
—Creo que no es un buen momento... pero... dime.
—Bueno... quería saber si querías ser mi cita.
Aurora se masajeó las sienes, cerrando los ojos por un segundo mientras el dolor de cabeza latía.
—No es un buen momento para salir, Logan. Solo quiero ir a casa y descansar.
Él se rió suave e insistió.
—No es hoy, tranquila. Será en dos días.
Ella abrió los ojos, frunciendo el ceño.
—¿Y qué es?
—Bueno, dado que me debes mi cita oficial, ¿qué tal si me acompañas al baile anual de la Royal Opera House? Es el evento del año, lleno de gente interesante, y pensé que podríamos pasarlo bien.
El golpe la alcanzó en el estómago y estuvo a punto de negarse en el acto. La verdad, eso de las citas había sido una mala idea desde el principio, y ahora sopesaba seriamente renunciar a todo y volver a Nueva York, donde las cosas con Angelo no la perseguirían, donde podría retomar su vida tranquila sin esta tormenta constante de emociones que la dejaban exhausta y vulnerable.
Pero entonces miró la foto de sus padres en su regazo y las preguntas sin contestar sobre su muerte flotaron como fantasmas, y la idea llegó sola: Logan había sido socio y amigo de los Russo desde los tiempos de su padre, con conexiones profundas en ese mundo. Y si alguien podía darle respuestas a ciertas preguntas, era él.
Con una nueva determinación decidió que sí iría, no por romance, sino para investigar.
—Está bien, Logan. Estaré encantada de acompañarte —dijo, forzando una sonrisa.
***
Al día siguiente, la sala de juntas de las empresas Russo, tenía las persianas semi-cerradas, creando una luz difusa que caía sobre la maqueta física de Aurora. Era una obra de arte en miniatura que mostraba el complejo residencial integrado en el que trabajarían, con su lago artificial como corazón.
Los tres inversores, liderados por el severo Sr. August Caldwell escuchaban con escepticismo palpable.
Aurora exponía con seguridad, señalando las ventajas de su diseño sostenible.
Hasta que Caldwell habló.
—Señorita Sterling, su modelo es... pintoresco —dijo, arrastrando la palabra como un insulto—. Pero huele a sentimentalismo costoso. Este lago comunitario, este espacio de conexión... son lirismos de revista. Nosotros financiamos estructuras, no terapias de grupo al aire libre. Para mí es un riesgo innecesario, mejor dicho: un capricho emocional.
La palabra "capricho emocional" golpeó a Aurora en el centro del pecho. No era solo un ataque a su trabajo; era un ataque al núcleo de su filosofía, a la memoria de los jardines que diseñaba con su madre. Se sintió expuesta y la voz se le atoró, viendo cómo los otros dos inversores asentían, influenciados por la fría lógica de Caldwell.
—Con todo respeto, Sr. Caldwell, disiento.
Todas las cabezas giraron hacia Logan, que estaba sentado a la derecha de Aurora y mostraba una sonrisa profesional, acto seguido desplegó una tablet.
—Los estudios de mercado que encargué muestran que este "elemento sentimental", como usted lo llama, aumenta el valor percibido de las propiedades en un 30% en comunidades de este nivel. No es un costo, es la propuesta de valor única. El retorno está en la prima de venta, no solo en el ahorro de cemento.
Aurora lanzó una mirada de sorprendido agradecimiento a Logan y él le devolvió un guiño discreto. Pero desde la penumbra del fondo de la sala, donde observaba sin ser visto, Angelo apretó la mandíbula. Ver a Logan, acudiendo en ayuda de Aurora, defendiéndola con datos en su momento de vulnerabilidad, encendió una brasa de rabia y celos en su pecho.
Otra vez él. Siempre ahí, ocupando el lugar...



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