C55-YA TE LÁSTIME DEMASIADO
Mateo la dejó golpearlo hasta que los puños de Bianca temblaron, entonces le tomó las muñecas con cuidado, sin apretarla, solo para detener ese derrumbe.
—Pégame si quieres —dijo con la voz ronca, quebrada—. Grítame, rompe todo, échame de tu vida si eso es lo que quieres. Pero tienes que escucharme, te lo suplico.
Bianca intentó soltarse, con el rostro contraído de dolor.
—¡Suéltame! ¡No me toques!
—Escúchame. Solo una vez más.
—¡NO! ¡NO QUIERO ESCUCHARTE NUNCA MÁS!
Sus ojos se llenaron de un pánico nuevo, uno que ya no tenía que ver solo con él, sino con la posibilidad de que todavía hubiera más por romperse, más verdades que pudieran destrozarla.
Mateo la soltó enseguida, pero no retrocedió.
—Se trata de Thomas.
El cambio en Bianca fue inmediato, su rostro se cerró, duro, como una puerta golpeando.
—No uses su nombre —siseó—. No te atrevas a mencionar a mi hijo.
—Bianca...
—¡No uses a mi hijo para obligarme a escuchar otra mentira! ¡No lo metas en esto!
—No es una mentira, te lo juro por mi vida.
—¿Y cómo se supone que te crea? —estalló ella, señalándolo con ambas manos temblorosas—. ¡Dime, ¿CÓMO?! ¡Si acabas de arrancarme de un golpe el único lugar donde me sentía a salvo! ¡Si el hombre al que vine a buscar para no sentirme menos que tú resultó ser tú mismo! ¡Si me dejaste abrir el alma delante de ti con una cara y me juzgabas con otra! ¿Cómo te creo ahora? ¡¿CÓMO?!
Mateo sintió que el piso se hundía bajo sus pies, pero dio un paso hacia ella de todos modos, con el corazón destrozado pero decidido.
—No estoy intentando salvarme. No busco tu perdón, porque no lo merezco. Solo quiero terminar con esto… con esto que me aprieta el alma.
—¡Claro que sí! ¡Siempre hay algo más contigo!
—No. Si quisiera salvarme, me callaría. Me iría ahora mismo por esa puerta y te dejaría en paz, pero ya basta Bianca. Ya es suficiente para los dos.
Eso la hizo titubear un segundo, apenas uno, pero fue suficiente para que él siguiera.
—Tienes derecho a odiarme. Tienes derecho a no perdonarme nunca. Pero si me callo ahora, te hago más daño. Y ya te lastimé demasiado.



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