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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 59

C59- SOY YO... TU HIJA.

En el consultorio, el médico revisaba los exámenes en silencio, pasando hojas con lentitud, frunciendo el ceño sin darse cuenta, y cada pequeño gesto era visto por Angelo como un golpe directo al pecho, porque no hacía falta que nadie dijera nada para entenderlo: su abuela no estaba mejor, seguía condenada, y el tiempo no estaba de su lado.

Cuando el médico tomó aire para hablar, Adelina levantó la mano.

—Hijo... ¿puedes salir un momento? —pidió con voz suave.

Angelo frunció el ceño al instante.

—¿Por qué? Vine contigo —respondió, tenso—. No voy a irme.

Ella sonrió despacio y levantó la mano para acariciarle la mejilla. Ese gesto lo desarmó. Por un segundo dejó de ser el hombre y volvió a ser el niño que ella cuidaba, al que le arreglaba el cabello y defendía de todo.

—No necesitas cargar con esto —dijo ella—. No quiero que sufras conmigo.

Angelo tragó saliva, le dolía más de lo que podía decir.

—Abuela...

—Ve —insistió—. Ve a ver a tu hermano.

Algo se rompió en él. La miró unos segundos más y, sin decir una palabra, se levantó de golpe y salió del consultorio, cerrando la puerta con fuerza, Adelina cerró los ojos un instante, dolida, y luego miró al médico.

—Ahora dígame. ¿He empeorado?

El médico bajó la mirada antes de hablar.

—Me temo que el cáncer está avanzando rápido —explicó—. Su tiempo se ha acortado.

Ella apretó las manos sobre el regazo y no pensó en ella. Pensó en lo que aún debía arreglar, en lo que no podía dejar a medias si quería irse en paz.

—¿Cuánto tiempo ahora?

Afuera, Angelo apoyó la frente contra la pared del pasillo.

No lloró.

Estaba enojado.

Con la vida, con el hospital, con todo. Respiró hondo varias veces hasta que el temblor en el pecho cedió un poco y se apartó despacio.

—Vamos a verte, hermano.

Mientras tanto, en el área de pediatría, Angela lloraba y se movía sin parar, aferrándose al borde de la silla con todas sus fuerzas.

—¡No quiero! ¡No quiero! —gritaba—. ¡Duele! ¡No me gusta!

La enfermera intentaba hablarle con paciencia.

—Solo será un pinchazo pequeño, cariño, y ya termina...

—¡No! ¡No! —negaba Angela, pateando el aire.

Aurora que no sabía cómo ayudar, le hablaba con la voz temblorosa.

—Angela, mi amor, por favor, todo va a estar bien... solo...

—¡No quiero agujas! —gritó la niña, llorando más fuerte.

Mike la sostenía como podía.

—Vamos, campeona, después te compro helado, chocolates, lo que quieras...

—¡No quiero nada! —respondió ella, sacudiéndose—. ¡NO QUIERO!

En un movimiento brusco, tiró la bandeja y todo cayó al suelo. La enfermera se agachó a recogerlo mientras Angela seguía moviéndose, y de pronto lanzó la cabeza hacia atrás y golpeó de lleno la cara de Mike.

C59- SOY YO... TU HIJA. 1

C59- SOY YO... TU HIJA. 2

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