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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 66

C66-MAMÁ NO DIGAS MENTIRAS

Jimena se giró rápido, su cuerpo tenso como un resorte. Vio a William en la puerta, y por un segundo, el alivio la invadió; William entró al cuarto con pasos decididos, a pesar de sus ocho años y se paró al lado de Angela, como un príncipe protegiendo a alguien en apuros.

—Mamá, ¿por qué dijiste eso?

Jimena sintió un nudo en el estómago; estaba en un aprieto, con su propio hijo cuestionándola delante de la niña.

—¡William! Cariño... esta niña... estaba diciendo unas cosas terribles sobre mí. ¡Está muy confundida! Yo solo se lo dije para asustarla...

Angela quedó atónita, acababa de ser atacada y ahora su agresora estaba actuando como si ella fuera la problemática.

Miró a William, buscando en él la verdad.

—No es cierto —le dijo a su primo, con la voz temblorosa.

Jimena, viendo la duda en su hijo, se arrodilló, poniéndose físicamente a su altura y le sonrió acariciando su cabello.

—William, tú sabes cómo es mamá, ¿verdad? Jamás le haría daño a una niña. Pero ella... —señaló a Angela con tristeza— está muy enojada porque su mamá y tu tío Angelo no están juntos y está inventando cosas para que tu tío se enoje con nosotros.

Por un segundo, el alivio invadió a Jimena; pensando que William la respaldaría. Pero él tenía el ceño fruncido.

—Mamá, no digas mentiras. El tío Angelo la quiere, yo lo escuché decirle a la cocinera que es su hija y que está feliz de tenerla aquí.

Angela, al escuchar las palabras de William, sonrió de pronto y su corazón, que hacía un momento latía con tristeza y confusión, ahora se llenaba de calidez; se sentía feliz de nuevo, como si todo volviera a su lugar.

Jimena borró la sonrisa y se puso de pie.

—Es hora de dormir. No hay más que hablar.

Caminó hacia él, lo agarró del brazo con firmeza, y miró a Angela sin decir nada. Luego, se llevó a William fuera del cuarto, cerrando la puerta detrás de ellos.

Angela quedó sola, aun estaba un poco asustada, pero sonrió, mirando la habitación alrededor.

—Es igualita a la mamá de Blanca Nieves, una bruja —dijo en voz baja y agregó—: Mi papi me quiere, y mi mami también, y pronto... estaremos juntos.

Mientras tanto, William entró en su habitación, con Jimena pisándole los talones. Ella cerró la puerta de golpe y lo miró con dureza.

—No vas a hablar con Angela nunca más. ¿Entendiste? Es una orden.

El niño no entendía; su madre siempre había sido estricta, pero esto era diferente, es como si estuviera enojada con él por algo que no había hecho.

—¿Por qué, mamá? Ella es mi amiga, y ahora es mi prima. El tío Angelo dijo que somos familia.

Jimena se enojó más al oírlo; sus manos temblaron, y por primera vez, lo agarró de los brazos con fuerza, hundiéndole los dedos en la piel hasta que dolió. William hizo una mueca, pero no gritó; solo sintió el ardor subiendo por sus brazos, y un miedo nuevo en el estómago.

—Ella te va a quitar todo lo que te pertenece —le dijo, mirándolo directo a los ojos, asustándolo con esa frialdad que nunca le había mostrado—. Si lo entendieras... no querrías que estuviera aquí.

William tragó saliva, con los ojos llenos de lágrimas que empezaron a rodar por sus mejillas, le dolían los brazos, pero más le dolía ver a su mamá así, como si él fuera el enemigo.

—Mami... —susurró, su voz quebrada—. Me duele...

—Lo sé —replicó ella—. Pero así entenderás que no todos son buenos y que esa niña y tú... no pueden ser amigos.

—Pero... Angela...

—No —lo interrumpió ella, soltándolo de golpe—. Ahora ve al baño, es hora de dormir.

Poco después, William se quedó dormido, su respiración se le volvió lenta, irregular, con ese pequeño suspiro que daba desde que era bebé. Y Jimena se quedó sentada a su lado, observándolo, le acomodó el cabello con cuidado, despacio, como si al tocarlo pudiera borrar lo que había pasado antes.

—Nadie —murmuró—, absolutamente nadie, le robará lo que es tuyo, mi amor.

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