C82-FUTURO COMPARTIDO.
En el departamento alquilado de Aurora, las maletas estaban listas. Mike, con su estilo desenfadado y humor seco, cargaba los juguetes de Angela en el coche mientras tarareaba una canción.
—Cuidado con el señor Bigotes —advirtió Angela, señalando un oso de peluche—. Es muy importante.
—Por supuesto, princesa, el señor Bigotes viajará en primera clase.
Mike colocó el peluche con exagerada delicadeza en el asiento trasero y vio a la chiquilla correr hacia el edificio. Aurora arrastró la maleta, entonces él se acercó a ella con una sonrisa burlona.
—Así que estabas con él —dijo, arqueando una ceja—. Y yo pensando en llamar a la policía, y resulta que mi amiga estaba... cómo decirlo... ah, liberando tensiones.
Aurora se puso roja como un tomate y le dio un manotazo en el hombro.
—Mike, no seas odioso, ¿ok? No te avisé porque... todo sucedió rápido y...
Él sonrió y le sostuvo los hombros con cariño.
—Estoy feliz por ti... pero... prométeme que esta vez vas a ser feliz de verdad. Mi corazón de mejor amigo gay no lo resistiría.
Aurora le dio un golpe cariñoso en el brazo, riendo por las ocurrencias de su amigo y Angelo, que bajaba las escaleras con otra maleta, la vio reír, en ese instante una punzada de celos le atenazó el estómago, pero los controló rápidamente, recordándose que ella era suya ahora y que estaban juntos.
Siguió llevando las maletas al coche sin interrumpir.
—Es todo —dijo Angelo cerrando el maletero y esta vez Angela corrió hacia Mike y se lanzó a sus brazos.
—¡No te preocupes, tío Mike! ¡Ahora viviremos con papi, pero puedes visitarnos siempre! —su carita se entristeció un poco—. ¡Pero te voy a extrañar!
Mike la levantó en el aire y le dio una vuelta.
—Y yo a ti, pequeño tornado. Pero hey, conseguiste a tu padre, pequeña genio... y eso me dice que no debo dudar de ti.
Angela lo miró con arrogancia infantil, levantando su barbilla.
—Fue un trabajo... táctico.
Aurora y Mike estallaron en risas y Angelo también, luego se acercó entonces, su actitud era seria y respetuosa mientras extendía la mano hacia Mike.
—Gracias. Por haber estado allí estos años y cuidarlas.
Mike miró la mano extendida pero no la tomó de inmediato. En cambio, dio un paso adelante y su expresión se volvió sorprendentemente seria.


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