El resentimiento que tenía en el pecho se transformó, de golpe, en rabia.
De no ser por esa desgraciada, ella ya estaría casada con Fabián.
Durante todo el evento, Eleonor apenas levantó la mirada un par de veces. Este tipo de reuniones nunca le habían interesado.
Aun así, se desenvolvía con soltura.
Si alguien se acercaba a saludarla, respondía con una sonrisa y un par de frases amables.
Si nadie iba, simplemente se entretenía con el celular, hojeando el catálogo de los objetos que se subastarían esa noche.
Pronto, el subastador subió al escenario y el evento comenzó oficialmente.
La primera pieza era una pintura antigua de la época colonial, muy valiosa para coleccionistas. El precio inicial era de diez millones de pesos.
Virginia sintió la tentación.
Ese tipo de cosas, si las vendía después, le dejarían muy buena ganancia.
Apenas iba a decirle algo a Fabián cuando lo vio inclinarse hacia Eleonor.
—¿Te gusta? —preguntó Fabián, mirándola de reojo.
Eleonor, la verdad, no tenía mucho interés.
Pero al ver los ojos brillosos de Virginia, y recordar aquel amuleto, de pronto cambió de idea.
—Me gusta —respondió.
Mientras intercambiaban esas palabras, otros ya habían subido la puja a treinta millones.
Fabián levantó el cartel.
—Cincuenta millones.
...
El silencio se apoderó de la sala.
¿Quién en su sano juicio subía la puja veinte millones de golpe?
Algunos intentaron seguir el ritmo, pero pronto se rindieron.
Finalmente, la pintura fue adjudicada a Fabián por ochenta millones.
Eleonor giró la cabeza y, al ver los ojos enrojecidos de Virginia, no pudo evitar curvar la boca en una sonrisa.
Cuanto más se alteraba Virginia, más segura estaba Eleonor.
Ese amuleto nunca había pasado por otras manos antes de llegar a Virginia.
No, Virginia era la misma que le había cortado su vestido de princesa, la que puso clavos en sus zapatitos, la que le quitó el amuleto.
Así que, Eleonor ya no quería verla tan satisfecha.
¡Desgraciada!
Virginia estaba a punto de perder el control. Eleonor se atrevía a provocarla así, justo delante de Fabián.
Los siguientes objetos subastados no despertaron mucho interés.
—Ellie, para ti no tiene mucho uso. Mejor déjasela a Virginia. Ya te compré la pintura; ahora es el turno de ella, ¿no crees? —dijo Fabián, en tono conciliador.
Eleonor esbozó una sonrisa.
Antes de venir, Fabián le había prometido disculparse y regalarle lo que quisiera.
Ahora la presionaba para que cediera.
Como si no lo hubiera escuchado, Eleonor subió la apuesta.
—Tres millones cien mil.
—¿De verdad vas a ponerte así? —Fabián frunció el ceño, desconcertado.
Le había comprado la pintura por ochenta millones como muestra de buena fe, ¿y aun así ella no cedía?
—¿No fuiste tú quien dijo que podía pedir lo que quisiera esta noche? —contestó Eleonor, sin apartar la mirada.
El que no cumple su palabra es él.
—Pero Virginia lo quiere para Angelito, para que se recupere. ¿Vas a competir con una niña también? —Fabián preguntó, subiendo la puja.
—Cuatro millones.
—Cuatro millones cien mil.
Eleonor ni titubeó. Se encogió de hombros y reviró:
—Por supuesto que voy a pelear por él.

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