Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 136

Eleonor no pudo evitar sorprenderse.

En otro tiempo, seguramente habría puesto cara de agradecimiento y, sin pensarlo dos veces, habría aceptado la tregua que le ofrecía Fabián.

Pero ahora, frente a él, ni siquiera tenía fuerzas para fingir. —Fabián, ¿de verdad crees que solo porque cocines una comida, ya debo dejar el tema y olvidarme de lo que Virginia me hizo el otro día? ¿Eso piensas?

Estaba convencida de que Fabián pensaba así.

Después de todo, él, el orgulloso Fabián, ya había dado el brazo a torcer. ¿Qué más podía pedirle ella? Según su lógica, lo correcto era que ella se diera por bien servida y no exigiera más.

Fabián se detuvo en seco. Su primer impulso fue negarlo, pero al pensarlo bien, se dio cuenta de que, en el fondo, sí lo creía.

Sin embargo, no veía nada malo en ello.

Frunciendo el ceño, miró a Eleonor y trató de sonar calmado. —Si ese día te hicieron daño de verdad, claro que te apoyaría, pero no fue así, ¿o sí? ¿Qué más quieres que haga Virginia? Solo fue un arrebato, nada más.

—¿Eso no cuenta para ti?

Eleonor se subió la manga y le mostró el moretón oscuro que cruzaba su brazo. Soltó una risa sarcástica. —¿O necesitas que me hayan violado para considerar que me hizo daño?

Sus ojos, limpios y serenos, se clavaron en Fabián.

Él, incómodo bajo su mirada, bajó los ojos hacia el moretón. —¿Por qué no me dijiste nada ese día en el hotel?

—Tampoco me preguntaste.

Eleonor ya no podía más con la situación. Su voz sonó cortante, molesta. —¿Acaso me preguntaste?

—Perdóname...

—Ya basta.

No quería seguir dándole vueltas al asunto. —Tengo cosas que hacer, mejor vete ya.

Dicho esto, abrió la puerta de su casa y entró, pensando dejar el cuadro y salir de inmediato.

De pronto, una sombra la cubrió. Fabián la abrazó por la cintura desde atrás, intentando consolarla. —Ya, Ellie, Virginia ya está preparando sus cosas para mudarse.

—Cuando ella se vaya, tú regresas a casa.

El cuerpo de Eleonor se tensó. Se zafó del abrazo de golpe y, en tono gélido, le soltó: —Señor Valdés, ¿no ha entendido lo que dije?

—No, no estoy enojada.

La respuesta de Eleonor fue tan indiferente que ni siquiera levantó la voz.

Al final, daba igual si él lo escuchaba o no. De todos modos, para cuando llegara la fiesta de faroles, ni siquiera serían un matrimonio de fachada.

Fabián salió del edificio y caminó directo hacia su carro.

De la nada, una bocina sonó con fuerza.

Fabián volteó y vio a Iker sentado en el asiento trasero de un Bentley.

La última vez que se vieron, en el hotel, la tensión entre ellos por culpa de Eleonor había sido evidente. Pero los negocios seguían, y Fabián se acercó.

—¿Qué haces aquí?

Iker sonrió, como si nada le importara. —Espero a alguien.

Entre hombres, Fabián captó enseguida el doble sentido en su voz y soltó una media sonrisa. —¿Esperas a tu novia?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado