Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 146

—Habla.

El hombre se quedó callado un momento, como si dudara antes de animarse a responder. Cuando por fin abrió la boca, su voz sonó áspera, como si las palabras le rasparan la garganta.

—Podrías considerar pagar tú con...

—¡Amor, ya llegué!

La puerta del elevador se abrió de golpe y Florencia salió cargando su bolso en una mano y una bolsa de comida para llevar en la otra, todavía con el aroma de comida picante llenando el pasillo.

Sin embargo, ni siquiera terminó su saludo; de pronto, se quedó muda, como si la hubieran agarrado del cuello.

Eleonor se sobresaltó y se puso de pie de un brinco. Miró a Iker con insistencia.

—¿Qué dijiste?

—Nada —contestó Iker con un tono seco, echando una mirada fugaz a Florencia antes de retroceder un paso y llamar al perro para meterse al departamento.

Florencia se tapó la boca con la mano y le lanzó miradas a Eleonor, como preguntando: “¿Qué onda?”

—¿Qué de qué? —replicó Eleonor, jalando a su amiga de la mano y entrando juntas al departamento.

Florencia aún masticaba el gesto de Iker, meneando la cabeza.

—No le creo nada. La manera en que me vio... hasta pensé que me quería matar.

—¿Y qué te dijo? —insistió, sin soltarla.

—Ni siquiera terminó de hablar, justo llegaste.

Eleonor le quitó la bolsa de comida y fue directo a la mesa para ir destapando los envases uno por uno. La voz de Iker había sido tan baja que ni le alcanzó a entender.

Pero seguro que no era nada bueno.

...

Al día siguiente era sábado, y ni la clínica ni el laboratorio tenían actividad. Eleonor aprovechó la noche y se desveló, repasando todo el desarrollo de su investigación, buscando algún punto débil.

Entre más le daba vueltas, más despierta se sentía. El sol ya iluminaba la ventana cuando, sintiéndose mareada y con la cabeza pesada, por fin se dejó caer en la cama y se quedó dormida.

No supo cuánto tiempo pasó cuando el zumbido del celular en la cabecera la hizo despertar a medias. Tanteó el teléfono con los ojos pegados del sueño, sin mirar ni quién llamaba.

—¿Bueno? —murmuró.

—¿Cuándo me vas a pagar el traje?

Al otro lado, la voz de Iker sonó tan cortante como si le estuviera cobrando una deuda.

Eleonor abrió los ojos de golpe, pero el sueño la vencía. Sin pensar, respondió:

—En la noche, ahora quiero dormir.

No hubo más respuesta. El silencio se instaló en la línea.

Iker, a punto de colgar, percibió el ritmo tranquilo de la respiración de Eleonor. Se había quedado dormida de nuevo.

—...

La mirada de Iker se volvió cortante.

—Con lo chismoso que eres, deberías ser reportero de farándula.

Benicio se rio.

—Si hago eso, mi papá me rompe las piernas.

La familia Estrada de Aguamar tenía fama de estricta. Su abuelo había sido un pez gordo del ejército, y todos los tíos trabajaban en la política. Benicio apenas y lograba que lo dejaran estudiar medicina; ni de chiste se atrevía a hacer locuras.

Por los audífonos, se escuchó a la chica moverse en la cama, buscando la mejor posición para dormir otra vez.

La expresión de Iker se suavizó un poco.

—¿Y entonces, a qué viniste?

—Vengo a avisarte del brindis por tu nueva casa.

Como si nada, Benicio se puso a elegir café en la cocina, echó unos granos en la cafetera y empezó a preparar todo con calma.

—Octavio y los demás se enteraron de que te mudaste. Dicen que hoy en la noche vienen todos a celebrar.

Iker respondió sin pensarlo.

—Hoy no se puede.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado