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Mi Marido Prestado romance Capítulo 156

—¿Estás bien? —preguntó Florencia con el ceño apretado, mostrando su preocupación.

—Sí, no te preocupes.

Eleonor terminó de un solo trago su vaso de leche y se levantó para volver a su cuarto.

A decir verdad, aunque quisiera hablarlo, no sabía ni por dónde empezar.

En el carro, cuando iban de regreso, pensaba que lo de Iker solo era una necedad suya, que lo único que quería era que ella admitiera la derrota y le dijera Iki.

Pero ya en la noche, acostada en la cama, entre más le daba vueltas al asunto, más sentía que algo no cuadraba.

Una idea empezó a crecer en su cabeza, como maleza en temporada de lluvias, echando raíces y expandiéndose sin control.

Pero…

Él siempre fue como un hermano mayor para ella.

Eleonor no podía evitar preguntarse si solo era su imaginación.

Desde pequeña, solo de las cartas de amor que le había tocado entregar a Iker, fácil llegaban a decenas, si no es que a más de cien.

Si no era la chica más guapa de la escuela, era la hija de alguna familia importante.

Iker podía elegir a quien quisiera. No tenía sentido que se interesara en alguien como ella, que encima para todos era una mujer casada.

Además, él mismo ya le había dicho la última vez que no estaba soltero.

Al pensar en eso, Eleonor por fin sintió un alivio. Probablemente ella era quien se estaba haciendo demasiadas ideas.

...

Al día siguiente, antes de irse a la clínica, Eleonor llevó a Florencia al aeropuerto.

Ese caso en el que estaba trabajando era clave para que la ascendieran, así que tenía que ir personalmente a otro estado para convencer a un testigo.

A mediodía, cuando salió del trabajo, se topó de frente con Fabián en el estacionamiento.

El hielo seguía sin derretirse en el suelo. Fabián, con un abrigo largo, parado junto a su carro, parecía la imagen de un caballero: alto, apuesto y con una presencia impecable.

Eleonor arrugó la frente. No entendía a qué estaban jugando él y Virginia.

Se turnaban para interceptarla.

Sin embargo, la obsesión de Virginia con ese colgante era mucho mayor de lo que había pensado, y tal vez pudiera sacarle algo a Fabián.

Se acercó con paso decidido.

—¿Por qué no fuiste a buscarme a la clínica?

—No quería interrumpir tu trabajo.

Fabián le contestó con ese aire amable y educado de siempre.

—¿Ya comiste? Hay un restaurante cerca que está bastante bien…

—Te lo dije, antes fue mi culpa. No volverá a pasar.

—Y con respecto a Virginia, pronto voy a cortar toda relación.

Ahora estaba casi seguro de que Virginia había usado el colgante para hacerse pasar por Nana.

Solo de pensarlo, Fabián sentía rabia, ganas de arrancarla de su vida de inmediato.

Pero tenía miedo de equivocarse, por eso no había hecho nada aún. Estaba esperando la confirmación final de Adrián.

Además, necesitaba saber cómo había llegado el colgante a manos de Virginia.

No podía evitar pensar si Virginia le habría hecho daño a Nana, a esa niña que, cuando se despidieron, había llorado tanto que se partía el alma.

Eleonor se quedó boquiabierta, dudando si había escuchado bien.

—¿Qué dijiste?

Porque ella había visto con sus propios ojos cómo Fabián había perdido la cabeza por Virginia, sin importarle nada.

¿Y ahora decía que iba a cortar con ella?

Fabián, consciente de que sus palabras podían sonar poco creíbles, apretó los labios.

—Creas o no, voy a hacerlo.

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