Esta pregunta, para cualquiera, sería de lo más normal.
Tan común como preguntarle a un niño si prefiere a su papá o a su mamá.
Pero la relación entre Eleonor e Iker no era nada normal.
Así que la pregunta, evidentemente, tampoco lo era.
Aun así, tanto Iker como Fabián la miraron al mismo tiempo, y los demás también. Todos esperaban su respuesta.
Eleonor sonrió apenas y contestó sin rodeos:
—No es que me importe mucho ninguno de los dos.
Su respuesta hizo reír a todos los presentes, aunque nadie se sorprendió.
Iker la había dejado plantada durante ocho años.
Fabián, por Virginia, llevaba tres años sin acercarse a ella.
La neta, estaban parejos.
Después de un par de rondas más, algunos propusieron jugar cartas.
El salón privado tenía dos mesas de juego, separadas por un biombo. El ambiente era agradable y cada grupo podía estar a su aire sin molestarse.
En una mesa estaban Iker, Fabián, Octavio y Florencia. Eleonor se sentó junto a Florencia, tranquila, mirando cómo jugaban.
Alguien animó a Benicio a irse a la otra mesa, pero él no quiso; mejor tomó una silla y se acomodó del otro lado de Florencia.
—Te voy a traer suerte —le soltó Benicio.
—Con Eleonor aquí ya tengo toda la suerte que necesito —respondió Florencia, sin inmutarse, y tiró una carta de comodín.
Benicio levantó una ceja.
—Bueno, si ganas, es tuyo, pero si pierdes, es mi culpa, ¿te parece?
—Va.
Esta vez, Florencia aceptó sin pensarlo.
Eleonor decidió que esa noche, al volver a casa, tenía que platicar a fondo con Florencia sobre su relación con Benicio. Seguro había chisme.
Observó la partida un rato, luego se levantó para ir al baño y, de paso, aprovechó para llamar a Álvaro Osorio. Quería saber cómo seguía Natalia.
—No te preocupes, Natalia ya está casi recuperada —la voz de Álvaro sonaba relajada—. De hecho, estos días pensamos regresar al país.
Eleonor se sorprendió.
—¿Tan rápido? ¿No van a quedarse un rato más?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado