Pero Fabián... Eleonor siempre había sentido que él no era una persona despiadada, a menos que Virginia hubiera hecho algo verdaderamente imperdonable.
Nil sonrió, estaba a punto de decir algo cuando escuchó a Eleonor comentar:
—Aunque bueno, al final, eso ya no tiene nada que ver conmigo.
La manera en que Fabián tratara a Virginia era asunto de él. Eso era un lío entre ellos dos, nada más.
—Ajá —asintió Nil.
De repente, Nil sintió como si al fin pudiera respirar con tranquilidad, como si una cuerda que llevaba tensa por dentro por fin se hubiera aflojado, dándole una sensación de alivio. Se rio bajito y dijo:
—¿Ya terminaste con lo tuyo? ¿Vamos a comer algo? Dejé mi carro en el taller para el servicio, así que te voy a pedir aventón al laboratorio.
—Va, sin bronca.
Mientras respondía, Eleonor se quitó la bata de laboratorio, tomó su bolso y salió con Nil.
Como ya había pasado el primer mes del año, el proyecto de investigación apremiaba; ambos, sin ponerse de acuerdo, eligieron un restaurante cercano para no perder tiempo.
Después de comer, se fueron directo al Instituto de Investigación del Grupo Rodríguez.
Lo que más impresionaba del Grupo Rodríguez era que ahí nunca faltaba nada: el instituto tenía todos los equipos y materiales necesarios. Nada de andar esperando o batallando con pedidos, todo estaba a la mano.
En el trabajo, Eleonor y Nil hacían un gran equipo. Se entendían casi sin hablar.
Del grupo de medicina tradicional, quedaban otros tres integrantes. Solo Pedro les echaba la mano de vez en cuando; los otros dos, que en su momento se habían burlado de Eleonor, se la pasaban fingiendo estar atareados, pero en realidad no avanzaban nada.
Para ellos, Eleonor era una simple muchacha sin experiencia y no le tenían ni tantita fe como líder del grupo. Pensaban que, estando ella al mando, el equipo no lograría nada importante.
Así que ni de chiste se esforzaban. ¿Para qué? Si al final resultaba un proyecto exitoso, Eleonor sería la que se llevaría el crédito… ni lo soñaran.
En el mundo de la investigación, era común que otros se quedaran con tu trabajo. Ellos no iban a ser tan ingenuos.
...
Mientras Eleonor seguía clavada en sus pruebas, de pronto Jaime tocó la puerta del laboratorio y le habló al grupo de medicina tradicional:
Esperaron como unos diez minutos. Entonces, se empezó a escuchar el taconeo de unos zapatos que se acercaban por el pasillo.
Como líder del grupo de medicina tradicional, Eleonor se puso de pie junto a Jaime. Era importante dar una buena impresión desde el inicio, pues al final iban a trabajar juntos.
Virginia apareció entonces, vestida con un traje blanco y un aire de seguridad que llenaba la sala. Iba acompañada de al menos una docena de personas, entrando como si el lugar fuera suyo.
Eleonor arrugó la frente, observando cómo Virginia se dirigía directo hacia Jaime.
—Maestro Jaime, qué gusto conocerlo por fin. Cuando mi equipo supo que usted era el responsable de Grupo Rodríguez, todos se emocionaron por la oportunidad de aprender de usted.
—Gracias por el cumplido —respondió Jaime, asintiendo, aunque por dentro no podía recordar de dónde conocía a esa mujer. No le sonaba de nada en el mundo de la investigación—. ¿Y usted cómo se llama?
—Me llamo Virginia, soy la líder de mi equipo.
Después de presentarse, Virginia le dirigió una sonrisa a Eleonor, ladeando los labios con confianza.
—Y bueno, Eleonor y yo ya nos conocemos de tiempo atrás.

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