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Mi Marido Prestado romance Capítulo 221

Quizá porque nunca lo había experimentado, Eleonor sentía que solo en la cama podía encontrar algo de seguridad.

Llevaba puesta la pijama que Iker había elegido para ella, un camisón con encaje en el cuello y en la orilla de la falda, lo que la hacía ver aún más tierna y apacible.

Mientras se secaba el cabello, parecía distraída. Su flequillo quedó levantado de un lado, dándole un aire juguetón. Su piel, ya de por sí suave, lucía una tonalidad sonrojada por el vapor del agua caliente; en ese instante, parecía una fruta jugosa, lista para ser mordida.

Aunque a simple vista se veía tranquila, las manos que retorcía frente a sí la delataban. Sus ojos, tan negros y claros como los de un venado, reflejaban una inquietud imposible de ocultar.

Sin embargo, había algo más fuerte en ella: una decisión de lanzarse, cueste lo que cueste.

Iker la miró con atención, percibiendo su nerviosismo. Fingiendo indiferencia, comentó:

—Mejor vemos una película antes de irnos a la cama.

¿Todavía quería ver una película?

Eleonor, por instinto, pensó en ese tipo de películas. Tartamudeando, respondió:

—E-eh... mejor no vemos películas, ¿sí...?

Una vez, por mera curiosidad, se había atrevido a ver una, de esas bien explícitas, pero la verdad, no era lo suyo.

Aun así, ya no era una chiquilla. En estos años, sus necesidades biológicas también habían aparecido.

Sin embargo, en vez de películas, prefería leer novelas. Le resultaban más interesantes.

Pero ahora, ¿cómo le iba a decir a Iker que mejor leyeran juntos una novela subida de tono?

Seguro él no dejaría de molestarla por el resto de la vida.

Además, un hombre de su edad... ¿cómo iba a necesitar ver una película primero?

¿No sería que tenía algún problema…?

La mirada de Eleonor se volvía cada vez más extraña, y Iker se dio cuenta de que estaba pensando cualquier cosa menos lo correcto.

—¿Qué traes en la cabeza? —le soltó, mientras comenzaba a proyectar la película.

Eleonor, avergonzada, giró la cabeza y vio en la pantalla el título enorme: “Un Amor Para Recordar”.

Era una película más inocente que el pan.

Ya la había visto antes, pero cuando algo es bueno, vale la pena repetirlo.

Probó llamarlo en voz baja:

—Iker...

No obtuvo respuesta.

Le había pedido ver la película juntos, y se quedó dormido.

Revisó la hora: ni siquiera eran las nueve. Esa rutina suya era de lo más saludable.

Esperó un poco, hasta asegurarse de que Iker dormía profundamente, y entonces, con mucho cuidado, trató de acomodarle la cabeza usando su brazo para recostarlo en el sofá.

Pero, justo cuando iba a lograrlo, su cabeza cayó de golpe sobre las piernas de ella, dejándola atrapada, sin poder moverse.

Si trataba de zafarse, seguro lo despertaría.

Entre sacrificar su comodidad o la de él, Eleonor eligió la suya. Puso el celular en silencio, no fuera a despertarlo este señorito.

Lo que olvidó fue que este señorito...

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