Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 261

—Es así —dijo Susana, eligiendo bien sus palabras—. Mi nieto, no sé por qué, todavía quiere verte en persona. No me contó los detalles, pero, ¿tienes tiempo de venir a mi casa en estos días?

Quizá temiendo que Eleonor dudara, Susana se apresuró a agregar:

—No te preocupes, él no es de esos que andan jugando con los sentimientos. Yo creo que solo quiere platicar contigo y hacerse tu amigo.

Ese punto no inquietaba tanto a Eleonor. Siempre había creído en dar el ejemplo con acciones, no con palabras.

La señora Castillo era una buena persona, así que seguro su nieto no podía ser tan mala pieza.

Sin embargo, la situación de Eleonor ya no estaba bajo su control.

—Abuelita, la verdad no sé si tendré tiempo de ir. Mejor, cuando termine estos pendientes, yo le aviso, ¿le parece?

—Está bien, está bien —respondió Susana con rapidez, pero aun así no pudo evitar preguntar—: Ellie, ¿no te ha pasado nada? Si te metiste en algún lío, prométeme que me lo vas a decir.

El corazón de Eleonor se ablandó un poco.

—No pasa nada, no se preocupe.

A pesar de que Susana era una anciana de una familia acomodada, Eleonor sabía que el peso de Fabián en Frescura solo podía ser frenado por Iker.

No quería meter a más gente en sus problemas.

Solo entonces Susana decidió colgar.

—Bueno, tú haz lo tuyo. Cuando termines con tus pendientes, puedes venir a la casa a visitarnos cuando quieras.

—Claro.

Apenas Eleonor respondió en voz baja, alguien llamó a la puerta sin previo aviso. Ella se acercó, a punto de hablar, cuando escuchó la voz de Blanca:

—Señora, soy yo. No es el joven.

Eleonor se detuvo un instante antes de abrir la puerta.

—Ya sabes que hace tiempo me divorcié de Fabián. Mejor dime por mi nombre.

Blanca había estado presente la primera vez que Eleonor y Renata llegaron a un acuerdo.

—…Está bien.

Blanca vaciló un momento antes de pasarle una taza de leche tibia y un pedazo de pastel de fresa.

—El joven dice que seguro no cenaste bien anoche. Y como sabe que no quieres verlo, me pidió que te trajera esto.

—¿Ya puedo salir hoy?

Tenía pensado ir a Chalet El Roble Dorado para aclarar algunas cosas.

—Sí —respondió Fabián, acercándose. Con un gesto delicado, acomodó el cabello de ella detrás de la oreja—. Hoy al mediodía quedé de verme con Octavio Quintana y los demás para comer. Ven con nosotros.

—Tengo otros planes —contestó Eleonor con voz cortante.

Fabián ni se inmutó. Como si no hubiera escuchado nada, señaló con la cabeza hacia el comedor.

—Ven a desayunar primero.

Eleonor sintió como si le hubieran dado un puñetazo en una almohada. Esa forma pasiva de Fabián la sacaba de quicio.

Ya ni quiso guardar las apariencias. Con el enojo subiéndosele al cuello, soltó:

—Te dije que tengo otros planes. Fabián, si insistes, no tengo problema en llamar a Iker ahora mismo…

En el fondo, ni siquiera estaba segura de que Iker contestara, pero sabía que Fabián siempre le había tenido cierto recelo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado