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Mi Marido Prestado romance Capítulo 263

Un carro Bentley negro avanzaba con suavidad por la avenida.

En el asiento trasero, Iker tenía los ojos cerrados, fingiendo que dormía. Apenas escuchó el sonido del teléfono, abrió los ojos con calma, le echó un vistazo al identificador y, solo entonces, contestó la llamada.

Apenas la llamada conectó, la voz de Benicio Estrada salió disparada:

—¿Ya viste los mensajes que mandaron esos en el grupo?

Benicio acababa de terminar unos pendientes y, al revisar el chat, sintió que su ánimo había pasado por una montaña rusa, como si hubiera visto una telenovela de las más dramáticas.

Ellie, la supuesta Ellie, resultaba ser justo esa persona a la que Fabián había buscado durante años.

Nada menos que su verdadero amor imposible.

En el grupo todos estaban platicando como si nada, armando planes para verse a comer al mediodía, pero Benicio ni siquiera tenía cabeza para seguir el tema. Solo quería saber qué pensaba hacer Iker y, por eso, le marcó de volada.

Iker tenía la mirada oscura y seria, y soltó con voz cortante:

—No estoy ciego.

Dos horas antes, apenas aterrizó el avión, ya había visto que Fabián había hecho el gran anuncio en el grupo.

Quien lo conocía, entendía al instante que, por ese tono, Iker estaba más que fastidiado.

Benicio no se aguantó y le soltó:

—¿Entonces… ya te rendiste? Digo, esa hermana tuya y Fabián tienen la relación legal, no podemos meternos a hacer una locura, ¿no crees?

Sobre todo Iker, que siempre había sido orgulloso y reservado; si ya había bajado la cabeza para ser el tercero en discordia, ya era suficiente para dejar a cualquiera sin palabras.

No iba a ir a buscar a Eleonor solo para pedirle una explicación.

Lo más seguro era que lo de ellos terminara igual que hace tres años, cada quien por su lado y sin volverse a hablar.

El carro cruzó bajo la sombra de los árboles, que dejaban parches de luz y sombra sobre el perfil serio de Iker. Nadie podía adivinar qué sentía, pero su voz sonó aún más distante cuando preguntó:

—¿Rendirme de qué?

Para él, esa palabra ni existía.

Hace años, cuando ella prefirió arriesgar la vida y saltar del carro para casarse con Fabián, Iker aceptó la derrota una vez. Pero una segunda vez, ni loco.

Ya había dado la oportunidad. Si Fabián la desperdició, no era culpa suya.

Benicio notó que algo no cuadraba y preguntó:

Capítulo 263 1

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