No solo Eleonor se quedó atónita, también Alejandra se sorprendió.
La abuela había salido con la ocurrencia de pedirle a Eleonor que convenciera a Iker de aceptar ese matrimonio.
Eleonor fingió no entender.
—Abuela, los temas de matrimonio son cosa suya, yo soy menor que él, no me parece adecuado hablarle de eso.
Conociendo el carácter de Iker, si él no quería casarse con alguien, nadie podía obligarlo. Además, Eleonor tenía clarísimo que la abuela recurría a ella sólo porque ya no le quedaba de otra. Eso solo significaba una cosa: Iker ya le había dado un no rotundo.
No iba a meterse en ese lío tan fácil.
Alma entrecerró sus ojos cansados, la molestia se dibujaba en su cara. Soltó una risa desdeñosa.
—¿Ahora que tienes quien te respalde ya te sientes muy segura? Todos estos años te crié para esto…
—Abuela…
Eleonor no quería armar un escándalo ni buscarse más problemas, así que suavizó la voz, aparentando seriedad y resignación.
—Aunque mi relación con él ha mejorado un poco respecto a antes, usted lo conoce. Cuando me dejó, lo hizo sin el menor remordimiento. ¿De verdad cree que aún sería capaz de obedecerme en todo como antes?
—A lo mucho, ahora me ve como quien juega con un gato o un perro. Ni yo me lo tomo en serio, ¿usted sí?
Justo en ese momento, Iker entró a paso firme a la vieja casa de los Rodríguez y, al acercarse al comedor, alcanzó a oír la frase de Eleonor, dicha con ese sentimiento tan genuino.
Su expresión se endureció de inmediato.
Mientras hablaba, Eleonor escuchó un ruido afuera. Giró la cabeza y solo vio pasar a uno de los gatos de la abuela, que andaba suelto por ahí.
Alma, por su parte, sí captó lo que Eleonor decía, pero ya que la tenía ahí, no iba a soltarla tan fácil.
—De todas formas, haz el intento. Habla con él, a ver qué pasa.
Como quien juega su última carta.
Quién quita y ese muchacho rebelde llegaba a escuchar un par de palabras de esta muchacha.
Eleonor bajó la mirada, mostrándose dócil.
—Está bien, buscaré el momento para hablar con él.
Cumplido su objetivo, Alma no le puso más trabas.
Acabada la comida, Eleonor se levantó para irse. Cuando estaba por salir de la casa, escuchó que Alejandra la llamaba.



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