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Mi Marido Prestado romance Capítulo 315

Ireneo se llevó los dedos al entrecejo, tratando de calmar el dolor de cabeza que lo invadía.

Rufino se acercó despacio, se agachó frente a su madre y le habló con suavidad para tranquilizarla:

—Mamá, ya le marqué a Beni para preguntar. Él dice que la señorita Muñoz, la de hace rato, creció en la familia Rodríguez desde pequeña. No creo que sea Zoe, pero si te cayó bien, le puedo decir que venga a visitarte cuando tenga tiempo, ¿te parece?

Yolanda dejó de llorar poco a poco.

—¿De verdad?

Rufino asintió con firmeza.

—Claro que sí, mamá.

...

Cuando la celebración estaba por terminar, Eleonor y los demás se prepararon para irse.

Nil, al ver que ya era tarde, le sugirió a Eleonor:

—Florencia todavía anda medio tomada en el carro. Mejor vete con ella, yo llevo a la maestra.

—Está bien.

Ya en la planta baja, Eleonor se despidió de todos al subir al elevador.

Su carro estaba en el estacionamiento al aire libre, mientras que el de Nil estaba en la parte subterránea.

Al llegar a su carro, Eleonor estaba por abrir la puerta cuando vio a lo lejos al mismo hombre que hace un rato la había jalado en el pasillo de emergencia.

El tipo venía caminando con paso seguro, su corbata floja y los primeros botones de la camisa desabrochados, dándole un aire relajado, pero con esa vibra de quien siempre se guarda algo.

Lo que le había dicho en el pasillo le revoloteó en la mente y, tragando saliva, Eleonor apuró el paso para abrir y arrancar cuanto antes.

Pero apenas se puso el cinturón, alguien tocó el vidrio del copiloto con los nudillos.

Eleonor pensó en ignorar el llamado, pero Florencia, que estaba dormida profundamente a su lado, se despertó de pronto, bajó la ventanilla y, al ver quién estaba afuera, se espabiló de inmediato.

Iker alzó una ceja.

—¿También está la señorita Herrera?

—Yo… yo puedo no estar.

Florencia solo pensaba en que él era el novio de Eleonor, así que se bajó rápido y le cedió el asiento de adelante.

Ya desde el asiento trasero, le guiñó un ojo a Eleonor, como diciendo: “Mira qué lista soy, te dejo tu espacio”.

Iker tampoco se hizo de rogar; con total naturalidad se acomodó en el asiento del copiloto.

Al llegar al edificio, Florencia demostró que sí captaba las indirectas y se fue directo a su departamento, sin mirar atrás.

Capítulo 315 1

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