El corazón de Eleonor se llenó de asombro.
Jamás se le habría ocurrido que la familia Estrada ocultara una historia así.
Aquella hija que debió crecer rodeada de mimos y cuidados, ahora… nadie sabía siquiera en dónde estaba.
Pensándolo bien, con la influencia que siempre había tenido la familia Estrada en Aguamar, incluso hace veinte años deberían haber podido encontrar a su hija sin dificultades.
—Mi hermana no se perdió en Aguamar —Rufino captó la sorpresa de Eleonor y continuó con voz grave—. Todos estos años, la hemos buscado sin descanso. Solo que no sabemos si… si sigue bien, si sigue viva en algún rincón de este mundo…
Hace años, Ireneo había ido a Luminosa a abrir la nueva sucursal de la empresa. Yolanda, su esposa, profundamente unida a él, decidió acompañarlo.
Justo en Luminosa nació la hija menor de la familia Estrada.
Pero, cuando la pequeña tenía apenas dos años, un enemigo de la familia la secuestró. La familia Estrada alertó de inmediato a la policía, movió todos sus contactos, pero la pista del secuestrador se perdió justo en la frontera con Centroamérica.
Con el paso de los años, la familia Estrada revisó una y otra vez Luminosa y toda la zona hasta la frontera, pero nunca lograron encontrar pistas nuevas.
Eleonor, que al final de cuentas era una extraña para ellos, sentía que Rufino ya le había confiado suficiente al contarle semejante secreto familiar. No se atrevió a seguir preguntando y se limitó a intentar consolarlo.
—No se preocupe, señor Estrada. Estoy segura de que su hermana tiene mucha suerte y pronto la van a encontrar.
—Ojalá así sea, gracias por sus palabras —respondió Rufino, esbozando una leve sonrisa.
La familia Estrada había escuchado ese tipo de consuelo muchas veces a lo largo de los años, pero por alguna razón, escuchar esas palabras de Eleonor resultó reconfortante para Rufino.
Como si, en el fondo, estuviera convencido de que su hermana seguía viva y solo era cuestión de tiempo para que volvieran a estar juntos.
Y cuando eso sucediera, toda la familia Estrada estaría dispuesta a compensarla mil veces por todo lo que había pasado.
...
—¿De qué platicaban con la doctora Muñoz? —la voz de Yolanda interrumpió la conversación. Ya estaba sentada en el comedor y no pudo evitar hacerle una seña a Eleonor—. Doctora Muñoz, venga a comer, hoy prepararon una sopa de cebolla que quedó deliciosa.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado