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Mi Marido Prestado romance Capítulo 340

—¡Aaaaaaah!

Virginia aprovechó que Renata no estaba en casa y que Sofía vivía en la planta baja para desahogar su rabia y frustración con gritos histéricos.

Sí.

Ese niño no podía quedarse.

Sacó el celular y, sin perder tiempo, agendó una cita en ginecología.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué gritas así a estas horas?

La voz de Renata atravesó la puerta del baño de golpe. Virginia se estremeció, tiró la prueba de embarazo al bote de basura, la cubrió con varias servilletas, apagó la pantalla del celular y solo entonces se atrevió a abrir la puerta.

—Mamá, ¿no que te ibas a la reunión con Aurora? ¿Por qué volviste tan temprano?

—Si no vuelvo temprano, ¿cómo voy a oír tus locuras?

Renata la miró de reojo, escaneando con sospecha el baño y el desastre a su alrededor.

—¿Y ahora tú qué? No me digas que andas en otro lío raro, ¿eh?

—¿Cómo crees? —respondió Virginia, fingiendo tranquilidad y soltando una excusa—. Me acabo de enterar de unas cosas sobre Eleonor. Mamá, ¿ya supiste? Ahora tiene una relación muy cercana con la familia Estrada.

—¡Pues entonces ni te le acerques! —Renata le respondió casi en un susurro apurado, como si temiera que las paredes escucharan—. Más te vale comportarte, Virginia. Si me entero que haces algo que avergüence a la familia Valdés, vas a ver.

—Ya entendí. No te preocupes, mamá.

Solo cuando Renata salió del cuarto, Virginia pudo cerrar la puerta y sentir cómo el sudor frío le bajaba por la espalda.

Sacó el celular de nuevo y, temblando todavía, canceló la cita que acababa de programar.

Porque si iba al hospital, bastaba que la familia Valdés pusiera un poco de atención y descubrirían todo.

Pero…

Ese niño…

Virginia entrecerró los ojos. De pronto, se le ocurrió una idea.

Ese bastardo no tenía por qué ser solo una carga.

Quizá podría sacarle algún provecho.

...

Fabián vaciló un instante, pero al final sacó el teléfono y marcó un número.

...

Mientras tanto, Eleonor y Iker acababan de cenar y caminaban de regreso al edificio de Jardines de Esmeralda.

La cena no le supo bien a ella, y él lo notó. Iker, al verla caminar tan rápido, decidió alcanzarla y tomarle la mano.

—Si te dijera que me arrepentí, ¿te sentirías mejor?

La voz de Iker sonaba limpia, con ese tono suave que usaba para tranquilizarla.

Nunca le había confesado eso a nadie.

Y sí, se había arrepentido.

Durante muchas noches se había preguntado, si hubiera tenido más poder, ¿habría podido protegerla siempre y mantenerla junto a él?

Eleonor se detuvo, alzó la mirada y le disparó la pregunta que la había torturado durante años.

—Si te arrepientes, ¿por qué me dejaste en ese entonces? Iker, ¿no crees que merezco una explicación?

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