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Mi Marido Prestado romance Capítulo 378

Fabián habló resignado:

—¿Ni siquiera quieres un pastel que tu amigo compró con buena intención?

—Está bien…

Eleonor, con una mano sosteniendo la botella de vidrio y con la otra tomando la bolsa de papel, agregó:

—Gracias de parte de Florencia también.

Cuando Fabián se fue, Florencia se acercó a curiosear lo que Eleonor tenía entre las manos.

—Vaya, vaya… No es por nada, pero la verdad es que Fabián tiene más cabeza para esto que Iker.

Sabía que, si ya lo habían mandado a volar, lo mejor era apelar a los sentimientos.

No como Iker, que siempre se hacía el duro y no aflojaba ni tantito.

Eleonor cerró la puerta y le entregó la bolsa con los pasteles a Florencia.

—Dijo que, de ahora en adelante, solo seremos amigos.

—¿Solo amigos?

Florencia abrió la bolsa, echó un vistazo y sus ojos brillaron. En cuanto vio los pasteles, se le olvidó todo lo demás.

—Mira nada más… ¡Hay tiramisú y napoleón, que me encantan! Pues que sean amigos, no me importa, por ahora lo apruebo.

Eleonor no pudo evitar reírse, justo cuando iba a decir algo, Florencia le puso un pedazo de pastel de fresa en la mano.

—Este es el que te gusta a ti.

Ese era el que le gustaba a Iker.

Antes, Iker casi nunca probaba los pasteles ni las cosas dulces, hasta aquella vez que Eleonor comió pastel de fresa y él, con cara de fastidio, se animó a probar un bocado.

Desde entonces, Eleonor solía escoger siempre pastel de fresa.

Así podían compartirlo y comer juntos.

...

Aunque estaba embarazada, Eleonor no pensó nunca en dejar el trabajo, y menos ahora que el proyecto estaba por salir al mercado. Toda su energía se enfocó en el laboratorio y los ensayos clínicos.

Fuera de sus consultas, mientras no tuviera que ir a casa de la familia Estrada, se quedaba metida en el laboratorio, supervisando personalmente los experimentos.

Las palabras que Renata había dejado en la puerta de su casa todavía le hacían sentir un escalofrío en la nuca. Se volvió mucho más cuidadosa, temiendo que cualquier error echara todo a perder.

No iba a dejar que todo su esfuerzo se fuera a la basura.

Sentada junto a los aparatos, Eleonor esperaba a que se confirmaran los datos. Pedro se acercó y le habló:

—Eleonor, me quedo contigo a esperar.

—Me parece bien.

—Si no, ¿cómo voy a ir a explicarle todo esto al señor Rodríguez?

Apenas terminó de hablar, Nil entró al laboratorio.

Nil habló con su tono tranquilo y amable de siempre:

—Pedro, Jaime te está buscando. Dice que vayas un momento.

—Voy ahora.

Pedro respondió rápido, pero antes de irse, añadió con nerviosismo:

—¿Y los datos…?

Nil le dio un par de palmadas en el hombro:

—No te preocupes, eres parte del grupo de medicina tradicional, los datos siempre los compartimos contigo. Este proyecto también lleva tu firma.

Solo entonces Pedro se sintió seguro y se marchó.

Al salir, echó una mirada despectiva atrás.

Un proyecto condenado al fracaso… ¿de qué le servía tener su nombre ahí?

Cuando la puerta del laboratorio se cerró, Eleonor por fin soltó el aire:

—Si te hubieras tardado un poco más, Nil, ya no habría manera de ocultarle los datos.

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