Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 387

Susana dejó de lado sus dudas y subió directo al segundo piso. Buscó la oficina de Eleonor, tocó la puerta que estaba entreabierta y, con una voz amable, preguntó:

—Ellie, ¿ya te vas a casa?

Eleonor acababa de quitarse la bata blanca y se preparaba para salir. Sonrió, relajada.

—Sí, justo iba a salir. ¿Qué hace aquí, señora? ¿No vino hace unos días por sus medicinas?

Tras dos rondas de medicinas, la salud de Susana había mejorado notablemente.

Ya había terminado el tratamiento que le recetó Eleonor, así que esta no pensaba darle más.

Demasiadas medicinas nunca eran buenas.

—Vine a traerte algo de comer.

Susana cerró la puerta, se acercó al escritorio, y abrió el termo que cargaba.

—Pensé que siempre que terminas consulta comes cualquier cosa al apuro, así que hoy te preparé una sopa y dos platillos que te gustan.

—Ahora que estás esperando bebé, no puedes seguir descuidándote como antes.

Ya no tenía intensión de meter las manos entre ella e Iker, pero, al final, le tenía un cariño verdadero.

Aprovechando que tenía el día libre, pensó en su bienestar y temió que Eleonor no se cuidara lo suficiente.

Eleonor, que justo andaba pensando qué comería ese mediodía, no pudo ocultar su sorpresa y alegría. Volvió a sentarse.

—¿Cómo supo que se me antojaban unas costillas agridulces?

En el termo había sopa de pollo, costillas agridulces, pescado en salsa picante y lechuga salteada. Todo sin una gota de grasa de más.

Justo lo que más se le antojaba.

Susana soltó una risa.

—Cuando una está embarazada, siempre quiere algo acidito y dulce que le despierte el apetito. Yo ya comí, tú aprovecha y come antes de que se enfríe.

—Está bien.

Eleonor no perdió tiempo y se puso a comer con ganas.

Al verla disfrutar tanto la comida, Susana la miró con ternura y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, como si cuidara a su propia hija.

—Come despacio, mastica bien, así te va a caer mejor.

—Sí, señora.

Eleonor asintió vigorosa, totalmente diferente a la doctora paciente y seria que solía ser con sus pacientes. En ese momento, solo era una chica agradecida y obediente.

Aquella comida fue, sin duda, la más rica que había probado en días.

Incluso las náuseas del embarazo desaparecieron por completo.

Al ver lo mucho que disfrutaba, Susana frunció el ceño con preocupación.

—¿Y quién te cuida ahora que estás embarazada? ¿No tienes a nadie cerca?

Capítulo 387 1

Capítulo 387 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado