Eleonor, casi sin pensarlo, miró a Fabián. Lo vio negarse primero, con voz firme:
—No hace falta, yo bajo primero.
—Está bien.
Eleonor asintió con la cabeza.
Justo cuando estaba por entrar a casa, Fabián no pudo evitar añadir una advertencia:
—Ya que estás esperando un bebé, no te exijas demasiado. Sobre las comidas, de ahora en adelante le pediré a Blanca que te las traiga.
Así podría cuidarla sin invadir su espacio.
La verdad, siempre que Fabián quisiera, él podía ser muy atento.
Pero en ese momento, Eleonor sentía que no podía aceptar su ayuda sin remordimientos.
Antes de que Eleonor pudiera encontrar una excusa para rechazarlo, Fabián, notando su intención, sonrió apenas:
—Antes no te cansabas de llamarme “hermano”, ¿no? Ahora que necesitas apoyo, esto no me cuesta nada.
Eleonor apretó los labios.
—Entonces... gracias.
—¿Gracias por qué? Considera que estoy pagando una deuda. Anda, entra ya, no te quedes ahí parada tanto tiempo.
Dicho esto, Fabián se dio la vuelta y caminó hacia el elevador. La sonrisa en su rostro se desvaneció de golpe, dejando solo una expresión de melancolía.
No quería perder la compostura frente a ella, pero apenas se alejó, sintió los ojos secos, como si todo le quemara por dentro.
...
La presentación del nuevo medicamento del Grupo Rodríguez estaba en plena preparación.
Virginia jamás imaginó que Eleonor tendría el valor de llegar tan lejos. Un medicamento tan ordinario, y aun así se atrevía a organizar una conferencia de prensa, asegurando que era un fármaco especial sin efectos secundarios.
Pensó que, si algo salía mal, podría arrastrar al Grupo Rodríguez al desastre total.
Con ese pensamiento, Virginia llegó a la empresa de buen humor. Sin embargo, al abrir la puerta de su oficina, una tableta voló directo hacia su pecho.
No le dio tiempo de esquivar, el golpe le dolió en seco. Apretando los dientes, apenas iba a reclamar cuando alzó la vista y vio a Alma sentada tras el escritorio.
Alma Rodríguez la observaba con severidad, sus ojos opacos pero duros, y le lanzó una reprimenda:
—Por supuesto.
Virginia sonrió, y le resumió toda la situación:
—Estos resultados son los que obtuvimos en los ensayos clínicos con su medicamento. Además, tengo gente infiltrada en el equipo de Eleonor, y me aseguraron que la situación es igual de mala.
—Eleonor y su amiga pasan los días en el laboratorio con cara de preocupación. Seguro ahora mismo están pensando cómo van a salir del apuro en la conferencia.
Lástima que ya no tendrán oportunidad de reaccionar.
Virginia bajó la mirada hacia los papeles sobre el escritorio y esbozó una sonrisa victoriosa.
—Después de esto, Eleonor no podrá volver a hacer carrera en el sector médico.
—¿Y el señor Rodríguez?
Virginia miró a Alma, y con voz llena de convicción, añadió:
—Usted también podrá aprovechar esta ocasión para recuperar el control del Grupo Rodríguez.
El día de la conferencia, cuando todo salga mal, ni Eleonor ni Iker podrán escapar de las consecuencias.

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