Dentro del baño, el hombre chasqueó la lengua y alzó la voz:
—Te hablo de los abdominales, ¿tú en qué estabas pensando?
...
Eleonor también cayó en cuenta. Cada vez que estaba a solas con él, su mente se desviaba hacia lugares inconfesables.
Era increíble cómo, sin darse cuenta, sus pensamientos se llenaban de imágenes subidas de tono.
Por suerte, ya había cerrado la puerta del baño; él no podía verla, y su cara estaba tan encendida que el calor le llegaba hasta el cuello.
El baño tenía puertas de vidrio esmerilado. Desde adentro, Iker, a través del cristal, vio cómo la sombra afuera se alejaba a toda prisa, como si estuviera furiosa y avergonzada. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro de rasgos marcados.
Se acercó al lavabo. Casi de inmediato, sus ojos se posaron en su cepillo de dientes eléctrico, ahí, junto al de ella, perfectamente alineados, uno a la izquierda y otro a la derecha.
Para su sorpresa, ella nunca lo había guardado.
Eso solo podía significar que...
Fabián jamás había dormido en ese departamento.
Al pensarlo, la incomodidad que le había provocado el asunto del niño estuvo a punto de disiparse por completo.
El sonido del agua corriendo llenaba el baño. Iker no dejaba de pensar en ese cepillo de dientes que seguía allí, esperando, y en la única toalla que había colgada.
Eleonor, medio recostada en la cama, sentía cómo el calor le invadía el rostro cada vez más.
Conociendo a ese tipo, seguro que en cualquier momento iba a sentirse con todo el derecho de acostarse en su cama como si nada.
Eleonor se tocó la barriga a través de la camiseta, murmurando en su interior: "Cuando salgas, ni se te ocurra copiar la forma de ser de tu papá, tan necio y mandón".
Pero bueno, los genes... eso era otra historia.
No era la única con la cabeza hecha un lío. También Renata Valdés estaba igual de inquieta.
El escándalo que estalló en la fiesta de cumpleaños de Leopoldo Estrada la había tomado totalmente por sorpresa.
¿Virginia Soto, esa descarada, era en serio la hija menor de la familia Estrada?
Renata estaba entre el asombro y la alegría. Cuando regresó a la casa de la familia Valdés en Aguamar, seguía sin poder creerlo del todo.
Por un lado, ver a Virginia como parte de la familia Estrada significaba que, de alguna manera, los Valdés y los Estrada ahora estaban emparentados.
Por otro, conocía bien a Virginia y su forma de ser vengativa. Dudaba que ella fuera a hablar bien de los Valdés ahora que estaba con los Estrada.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado