Benicio tragó saliva. La miró fijamente por un buen rato antes de poder contener un poco su enojo.
—¿De verdad tienes que seguir con el jueguito de Thiago?
***
Al ver que la puerta de su casa se cerraba, Iker bajó la vista hacia el reloj en su muñeca.
Aún era temprano.
Después de pensarlo un momento, sacó su celular, abrió WhatsApp y tecleó un par de cosas antes de enviar un mensaje.
[¿Estás ocupada?]
La respuesta llegó casi al instante.
Eleonor: [Acabo de terminar. Ya me iba a bañar.]
Iker se quedó mirando el nuevo apodo con una sonrisa de interés por varios segundos; le pareció una maravilla. Sin intención de responder, se levantó con el celular en la mano y se dirigió hacia la entrada.
No se esperaba que, al abrir la puerta, se toparía de frente con Benicio, quien estaba a punto de tocar el timbre.
Desde el departamento de enfrente se escuchó el portazo de una puerta.
El rostro de Benicio también reflejaba cierto disgusto.
Pero el más molesto era Iker, a quien le habían interrumpido el plan de ir a ver a su mujer. Miró a Benicio con desdén.
—¿Y tú qué haces aquí?
—Vine a beber.
Benicio seguía sumido en su frustración y no notó para nada el desprecio en la voz de Iker.
Sin embargo, como Florencia ya había regresado, tampoco era apropiado que Iker fuera a molestar a esas horas de la noche.
Iker se detuvo y se pellizcó el entrecejo.
—¿Beber qué?
Benicio entró a la casa como si fuera la suya, se cambió a unas pantuflas y echó un vistazo alrededor.
Ni rastro de Ellie, y la mesa del comedor no mostraba señales de que alguien hubiera cenado.
Benicio se giró para mirarlo y, con un aire de camaradería, dijo:
—Somos dos pobres diablos en el mismo infierno, ¿tú qué crees que vamos a beber?
…
Iker, al verlo tan afligido, tuvo la misericordia de no decir nada que pudiera herirlo más. Tomó una botella de Macallan y dos vasos cuadrados y se acercó.
—¿No cenaste con la señorita Herrera?
Benicio se dejó caer en el sofá, sin energía.
—Sí, cenamos.
Ah.
Cenaron, pero no fue una cena agradable.
Iker captó la indirecta y, mientras le servía un trago, le respondió a Eleonor.
[Adelante. Con calma, ten cuidado, el piso del baño está resbaloso.]
Estaba embarazada, no podía permitirse una caída.
Eleonor: [¡Ya sé!]
Luego, le envió un *sticker* que decía «A sus órdenes».
¡Este desgraciado lo había dejado atrás sin que se diera cuenta!
Iker chocó su vaso con el de él y, con sinceridad, intentó persuadirlo:
—La cercanía tiene sus ventajas, amigo. Tú vives muy lejos, eso no ayuda.
—¿Quién quiere ventajas? ¿Y de qué ventajas hablas? —replicó Benicio de mal humor.
Si volvía a insistirle, que lo partiera un rayo.
En el estacionamiento, cuando le hizo aquella pregunta, Florencia le había respondido con una sonrisa y unas pocas palabras: «Sí, de verdad».
Perfecto.
Pues que siguiera con su jueguito.
A él ya no le importaba.
Iker asintió, pensativo, y soltó sin más:
—Oye, escuché que Thiago anda buscando rentar un departamento en Jardines de Esmeralda. Si no encuentra nada, igual y le subarriendo el mío.
—¡Iker!
Benicio frunció el ceño, con una expresión de profunda decepción.
—¿Y quién es tu hermano, entonces? ¿Quién se quedó velando afuera de la sala de urgencias un día y una noche enteros cuando te metieron un balazo?
Iker sonrió levemente.
—¿Así que sí quieres rentarlo?
***

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