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Mi Marido Prestado romance Capítulo 515

De lo contrario, no se habría limitado a besarla así.

Pero tampoco podía seguir poniendo a prueba su paciencia.

—Con que te lo diga una vez más es suficiente, ¿verdad?

Al fin y al cabo, una vez, con solo una puerta de por medio, la había besado durante un buen rato.

Iker asintió.

—Sí.

Eleonor, queriendo escapar lo antes posible, dijo sin la más mínima entonación:

—Hermano.

Bastante seco.

—¿Iker? —La puerta del baño recibió un golpecito y la voz socarrona de Benicio se coló—. Te estás tardando mucho en lavarte las manos, ¿eh? La cena ya casi está lista.

Eleonor quiso que se la tragara la tierra. Fulminó a Iker con la mirada, muerta de la vergüenza y la rabia, y forcejeó para irse.

—Ya vamos —respondió Iker con despreocupación, pero sin soltarla, y la miró fijamente—. Si no lo dices con sentimiento, no cuenta.

¡Qué exigente!

Al pensar que afuera los esperaban un viejo y un joven, Eleonor se impacientó.

—¡Hermano! ¡Hermano! ¿Ya estás contento?

Eso sí que le sonaba bien.

Ese tono era el que más se parecía al de su infancia.

Antes, siempre le gustaba llamarlo por su nombre, Iker, Iker, Iker.

Solo cuando él la corregía a la fuerza, ella lo llamaba así, con impaciencia, un par de veces.

Ah, y cuando le pedía algo a Max.

Pero en esos casos, lo hacía con mimos, con cara de pobre víctima.

Iker, satisfecho, la soltó. Eleonor se escabulló de inmediato.

Por suerte, esta vez Iker, teniendo en cuenta que había gente afuera, se contuvo.

Unos besos ligeros no habían arruinado su maquillaje.

Benicio no esperó afuera, ya se había ido al comedor con Susana.

Una sirvienta, al verla salir, dijo:

—Señorita, la acompaño al comedor.

—Gracias —asintió Eleonor.

Aunque había estado antes en Chalet El Roble Dorado, siempre había sido de paso.

No conocía bien el lugar.

Susana, al verla llegar, miró detrás de ella.

—Ellie, ¿y Iker?

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