Aparentemente, solo le preguntaba a Amelia.
Pero Virginia, sin saber por qué, sintió un escalofrío.
Después de desayunar, apenas había dejado los cubiertos cuando vio que Amelia le hacía señas con los ojos.
Dudó un momento, se levantó y ayudó a los sirvientes a recoger los platos y llevarlos a la cocina.
Simona la miró con indiferencia.
—Para eso están los sirvientes, no hace falta que lo hagas tú.
—No importa —dijo Virginia, ocultando su nerviosismo, con toda naturalidad—. Antes, en la familia Valdés, también hacía estas cosas a menudo. Y eso no es nada, en el orfanato…
Al oír esto, Yolanda sintió una punzada de tristeza.
Se suponía que debía haber sido una señorita mimada, pero quién sabe qué vida había llevado todos estos años.
Simona, en cambio, no se inmutó.
—Por cierto, ¿estabas en el Orfanato Montaña del Viento?
Estos días, Simona se había quedado en Aguamar e investigado a Virginia a fondo.
—Sí.
Virginia sabía que no podía ocultarlo y lo admitió rápidamente. Entonces, Simona preguntó:
—Entonces, ¿tú y Eleonor se conocen desde niñas?
Antes, al ayudar a Eleonor a confirmar si las pruebas del accidente de coche eran válidas, Simona había investigado brevemente los antecedentes de Eleonor.
Eleonor también era del Orfanato Montaña del Viento.
Esta vez, había venido porque sentía que…
Había demasiadas coincidencias, tantas que una duda no dejaba de rondar la mente de Simona.
La mano de Virginia que sostenía los platos tembló imperceptiblemente. Fingiendo sorpresa, dijo:
—¿De verdad? No sabía que ella también era del Orfanato Montaña del Viento…
Se esforzó por parecer normal y, sin darse cuenta, se justificó:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado